Elaborado por Domenica Tandazo
Loja, Ecuador – En el corazón de la provincia de Loja, en el cantón Calvas, nació Karina Mariuxi López Tinitana, una mujer cuya historia es testimonio del amor incondicional, la resiliencia y la fuerza que caracteriza a muchas madres ecuatorianas. A sus 40 años, Karina no solo ha ejercido con pasión su profesión de contadora, sino que también ha abrazado con total entrega su rol más importante: el de ser madre.
Karina es madre soltera de una adolescente de 13 años, a quien describe como su «milagro de vida» y el amor más grande que Dios le ha concedido. “Cuántas mujeres anhelan ser madres y no pueden. A pesar del cansancio o las dificultades, doy gracias cada día por tener a mi hija”, comenta con emoción, mientras recuerda esos primeros años de guardería, los pasos titubeantes, las palabras mal pronunciadas, y hoy, la etapa de secundaria en la que su hija brilla con luz propia.
Madre e hija comparten una relación profundamente cercana. Entre charlas nocturnas en la habitación, salidas a comer o visitas a librerías —pues su hija es amante de la lectura— han construido un vínculo lleno de confianza, complicidad y amor. “Soy su confidente, pero, ante todo, soy su mamá. Esa persona que siempre estará ahí, sin condiciones”.
Karina es la mayor de cinco hermanos. Su historia familiar también inspira: tres mujeres contadoras, un médico y un arquitecto. Aunque en sus inicios soñaba con otro rumbo profesional, agradece a su madre y a Dios por haberle dado la oportunidad de estudiar una carrera que le ha permitido vivir con dignidad y sacar adelante sola a su hija. “La contabilidad no es una profesión ingrata. Siempre hay trabajo si sabes cómo buscarlo y mantenerte actualizada”, asegura.
Ejerce la contabilidad de forma independiente y, como muchas madres solteras, enfrenta una triple jornada: trabajo, crianza y hogar. “Por más cansada que esté, escuchar a mi hija contarme cómo fue su día, reírme con los términos nuevos que usa, eso hace que todo valga la pena. Ese momento de conexión nos recarga a ambas”.
Además de su labor profesional, Karina apuesta por seguir creciendo. Se mantiene en constante formación y ha comenzado su propio emprendimiento, buscando no solo estabilidad económica, sino también un legado para su hija. “Quiero que ella vea que una mujer puede salir adelante sola, con esfuerzo y con fe”.
Orgullosa, recuerda los logros de su hija: su lugar en el cuadro de honor, sus habilidades comunicativas, su liderazgo en el consejo estudiantil —donde ha sido elegida por dos periodos—, y su compromiso con el deporte, incluso tras sufrir algunos accidentes. “Mi hija es fuerte. Tiene una voluntad admirable. Me inspira a ser mejor cada día”.
Karina López no busca reconocimientos. Solo desea seguir siendo el pilar de su hija, la guía en su crecimiento, y un ejemplo de que sí se puede. “Siempre va a contar conmigo, porque ese es mi mayor propósito: ser la madre que necesita, todos los días, sin descanso”.
