“LA SEGURIDAD NO SE ERIGE EN HORMIGÓN: se construye en el respeto al Derecho, no en la reja que oculta la incapacidad estatal.”
LA CÁRCEL DEL ENCUENTRO: la nueva fachada de un viejo fracaso nacional
Durante semanas, el país ha observado con fascinación una mole de cemento levantada en Santa Elena: la anunciada prisión de máxima seguridad, bautizada con ironía involuntaria como la “Cárcel del Encuentro”.
Este nombre no es casual; resuena con el eslogan del anterior régimen, el "Gobierno del Encuentro" de Guillermo Lasso, un periodo tristemente marcado por el pico de masacres carcelarias y una escalada de violencia que hoy desborda las fronteras institucionales.
Nombrar la solución con el símbolo del fracaso institucional es más que un error semántico: es una declaración política involuntaria.
Nos invita a preguntarnos —con la dureza de un jurista y la suspicacia de un criminalista— si estamos frente a una nueva herramienta de política pública o simplemente ante la misma estrategia envuelta en un nuevo eslogan.
El muro como símbolo: la estructura existe, la solución NO
Mientras el Estado celebra el traslado de PPL de alta peligrosidad hacia un complejo que promete blindaje tecnológico, las muertes de civiles continúan en las calles, los secuestros se multiplican y el crimen organizado sigue operando con precisión quirúrgica.
Una megacárcel puede encerrar cuerpos, pero no encierra economías criminales.
Puede inhibir señal telefónica, pero no inhibe la corrupción.
Puede aislar cabecillas, pero no desmantela estructuras.
Por más imponente que sea su arquitectura, la cárcel no es la política criminal; es solo un instrumento de ella.
Modelo Carcelario Importado: entre la tecnología y la fragilidad institucional
El diseño de este centro —con capacidad para cerca de 800 reclusos— replica el modelo salvadoreño de vigilancia extrema. Entre sus características:
1. Aislamiento tecnológico absoluto: inhibición total de señal celular y satelital.
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