En la provincia de Loja, específicamente en el cantón Chaguarpamba, la historia de Marcela Campoverde Torres refleja el compromiso y la perseverancia de una mujer que ha sabido abrirse camino en el ámbito profesional, sin dejar de lado su pasión por el desarrollo de su tierra natal.
A sus 34 años, Campoverde se ha consolidado como arquitecta urbanista, laborando desde hace ocho años en el Departamento de Planificación del Gobierno Autónomo Descentralizado de Gonzanamá, donde ha aportado con diseños y ejecución de proyectos que buscan mejorar la calidad de vida de la población. Su formación académica inició en la Unidad Educativa La Dolorosa de Chaguarpamba, continuó en el Colegio María Auxiliadora de Quito y culminó en la Universidad Internacional del Ecuador, sede Loja.
Su decisión de convertirse en arquitecta nació de una necesidad evidente: la falta de planificación y proyección en el crecimiento urbano de su cantón. “Uno de mis sueños siempre fue aportar al desarrollo de Chaguarpamba, buscando soluciones y proyectando un futuro mejor”, recuerda.
Su experiencia laboral no se limita a Gonzanamá. También desempeñó funciones técnicas en el Municipio de Balsas, en la provincia de El Oro, lo que le permitió ampliar su visión sobre las necesidades de los territorios rurales. Sin embargo, su espíritu emprendedor la llevó a diversificar su camino: en Chaguarpamba fundó la Hostería Casa Campo Verde, un espacio que impulsa el turismo local y ofrece a visitantes la oportunidad de disfrutar de la gastronomía y la naturaleza.
“En mis tiempos libres me dedico a Casa Campo Verde, donde personalmente preparo platos y atiendo a quienes nos visitan”, comenta con orgullo, destacando que este proyecto no solo fortalece el turismo, sino que también dinamiza la economía del cantón.
Marcela reconoce que uno de los momentos más difíciles de su carrera fue presenciar los aluviones que golpearon a Chaguarpamba, un episodio que le dejó la frustración de no poder hacer más frente a los desastres naturales. Sin embargo, esa experiencia se convirtió en un motor para seguir capacitándose en gestión de riesgos y aportar desde su profesión al fortalecimiento de las comunidades.
Para ella, lo más gratificante es ver cómo sus proyectos se convierten en realidades palpables que generan desarrollo. “Es satisfactorio ver que el trabajo realizado se traduce en un crecimiento económico y en mejores condiciones para los pueblos”, afirma.
Su mayor motivación proviene de dos fuentes: sus hijos, a quienes busca enseñar con el ejemplo que la arquitectura puede ser una herramienta de progreso; y las mujeres de su cantón, a quienes invita a atreverse a participar en proyectos de impacto social. “Quiero demostrar que las mujeres también podemos incursionar en cualquier ámbito con la finalidad de hacer las cosas bien y ver surgir la tierra que nos vio nacer”, subraya.
Con visión, constancia y pasión, Marcela Campoverde representa a una nueva generación de profesionales lojanos que no solo ejercen su carrera, sino que la convierten en un instrumento de transformación para su gente.
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