Durante más de dos décadas, Patricia Fernanda Gutiérrez Durán ha desarrollado su vida profesional entre la psicología clínica, la defensa de los derechos humanos y el trabajo comunitario. Su trayectoria se ha construido desde distintos espacios públicos y privados, pero con un eje constante: el acompañamiento a las personas y la promoción de una vida libre de violencia. Madre de tres hijos, esposa y profesional vinculada a procesos sociales, considera que la familia y la construcción de comunidad son pilares fundamentales para el bienestar individual y colectivo.
Nació en Cuenca, provincia del Azuay, y desde hace 27 años reside en Loja. Tiene 53 años y actualmente trabaja como especialista de Derechos Humanos y Naturaleza en la Defensoría del Pueblo de Loja, institución en la que cumple funciones desde hace 11 años. Paralelamente, mantiene su consulta privada como psicóloga clínica en “Las Magnolias, un espacio para sanar”, labor que desarrolla desde hace más de 25 años. A ello se suma su trabajo como consteladora familiar, actividad que ejerce desde hace 15 años.
Su formación académica inició en la Escuela Dolores J. Torres y posteriormente en el colegio Manuela Garaicoa de Calderón, en Cuenca. En 1997 obtuvo el título de Asistente Pedagógica con mención en niños, niñas y adolescentes en riesgo en la Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Tres años después se graduó como Psicóloga Clínica en la Universidad del Azuay. En 2011 se formó como Consteladora Familiar, capacitación avalada por la Universidad Nacional de Loja, y en 2022 culminó una maestría en Desarrollo Local con mención en Política Pública en la Universidad Técnica Particular de Loja.
Su interés inicial estaba orientado hacia la medicina veterinaria. Sin embargo, desde los 11 años participó en grupos juveniles y experiencias comunitarias que marcaron su visión social. Tras concluir el bachillerato participó en misiones en Lago Agrio junto a la Misión Carmélica, experiencia que fortaleció su decisión de trabajar con personas. Conversaciones con amistades cercanas terminaron de orientar su camino hacia la Psicología Clínica.
Desde entonces, afirma que cada año de ejercicio profesional ha reafirmado su vocación. Considera que su trabajo le ha permitido contribuir al fortalecimiento de la salud mental y al empoderamiento de las personas en el ejercicio de sus derechos, elementos que, a su criterio, repercuten directamente en mejores condiciones de vida.
Su experiencia laboral se ha desarrollado en distintos ámbitos. Trabajó durante cinco años como docente en la Unidad Educativa San Roque de Cuenca. Posteriormente estuvo vinculada a procesos relacionados con movilidad humana y migración. Fue responsable de Movilidad Humana en la Pastoral Social de Loja y dirigió durante cinco años el Plan de Formación de Formadores del Plan Migración, Comunicación y Desarrollo Ecuador-España, impulsado por el Servicio Jesuita.
También formó parte del Departamento de Consejería Estudiantil de la Unidad Educativa SEI de Loja y participó como asesora de la asambleísta Linda Machuca, representante de los migrantes de Estados Unidos y Canadá, durante la Asamblea Constituyente de Montecristi en 2008. Su trayectoria en el servicio público incluye cinco años en la Secretaría Nacional del Migrante y dos años en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana.
A la par de su ejercicio institucional, ha mantenido una participación activa en procesos de prevención de violencia y fortalecimiento comunitario. Desde hace 19 años se define como activista de la no violencia y desde hace 15 años facilita propuestas alternativas para abordar conflictos y dinámicas familiares. Además, ha participado como ponente y facilitadora en eventos locales, nacionales e internacionales relacionados con derechos humanos y salud mental.
En el ámbito personal, sostiene que compartir actividades con su esposo Iván y sus hijos Pamela, Martín y Juan Fernando ocupa un lugar central en su vida. Considera indispensable mantener vínculos sólidos con su familia de origen y generar espacios de comunidad en los entornos donde participa. Una frase de su madre permanece presente en su cotidianidad: “Con las dos manos se lava la cara”, expresión que interpreta como una referencia al esfuerzo compartido y al trabajo conjunto dentro de la familia.
Entre los aspectos que cuestiona de la realidad actual menciona la falta de presupuesto público destinado a salud mental y garantía de derechos, situación que considera una limitación para atender de manera adecuada las necesidades de la población.
Patricia Gutiérrez afirma que uno de sus principales aprendizajes ha sido reconocer tanto sus fortalezas como sus limitaciones, manteniendo una búsqueda permanente de coherencia personal. Señala que asume las experiencias difíciles como oportunidades de aprendizaje y sostiene que mantener esperanza ha sido fundamental en su vida.
Recuerda particularmente una experiencia ocurrida en 2025, durante una jornada sobre el derecho a una vida libre de violencia desarrollada en la parroquia Buenavista, cantón Chaguarpamba. Al finalizar la actividad, una médica rural se acercó para comentarle que años atrás había participado en una charla dirigida por ella cuando aún era estudiante de colegio y que aquella conversación le ayudó posteriormente a enfrentar situaciones complejas. Para Patricia Gutiérrez, ese momento dejó una reflexión clara: nunca se sabe de qué manera las palabras o acciones pueden influir en la vida de otras personas.
Actualmente mantiene su trabajo profesional orientado a la atención psicológica, la promoción de derechos y el acompañamiento humano. Considera que tener vida, familia y propósito son razones suficientes para continuar construyendo proyectos personales y colectivos desde los espacios donde participa.
