Redactado por: Franco Granda
Los lustrabotas son parte de la vida cotidiana de la ciudad, se los puede encontrar en las principales calles y plazas de la urbe. El mundo de los lustrabotas es diverso: entre ellos se encuentran hombres de todas las edades, aunque en algunos lugares este trabajo es realizado por personas de la tercera edad.
Un lustrabotas puede traer consigo también la estigmatización debido a que esa actividad es asociada con el trabajo de limpiar zapatos y como un oficio humilde.
Es así quienes pasen desde temprano por la plaza de San Sebastián, se darán cuenta que solo existe un puesto de lustrabotas en el lugar, hasta hacia algunos meses el puesto era de Don “Lucho”, personaje muy querido y conocido por todos los moradores del sector.
Ahora el puesto de lustrabotas ubicado en la plaza es de la señora Rosita, que es una viuda oriunda de Cariamanga, donde aprendió de la mano de su esposo el oficio de la zapatería, ella era la encargada de lustrar el calzado nuevo que confeccionaban y el calzado que arreglaban a su clientela.
Doña Rosita lleva ya 18 años como lustrabotas y que el puesto lo compro, recién hace tres meses. “El anterior dueño Don Luis es jubilado en el manejo de maquinaria pesada, y él por no estar sin hacer nada en la casa se colocó el puesto para lustrar zapatos, él contaba que lustraba para estar activo y continuar trabajando ya que como jubilado de la tercera edad nadie le daba un trabajo nuevo especialmente en manejar maquinaria pesada, Don “Luchito” era el único que tenía el puesto en San Sebastián y ahora lo trabajo yo, él ahora ya vive tranquilo con sus hijos”, nos comenta.
“Me gusta lustrar zapatos y el trabajo no es vergüenza”, menciona Rosita, quien tiene 7 hijos, los cuales la cuidan y no se avergüenzan de su oficio de igual forma siempre están pendientes de ella, de que no le falte nada.
Finalmente el puesto de lustrabotas de Doña Rosita se encuentra ubicado en la plaza de San Sebastián, en la esquina de las calles Bolívar y Mercadillo.
