Elaborado por Domenica Tandazo
En una ciudad donde el eco de las sirenas suele ser sinónimo de urgencia y entrega, una figura resalta entre los trajes rojos y los cascos relucientes. Gabriela Katherine Riofrío Labanda no solo es una bombera destacada del Cuerpo de Bomberos de Loja, sino también una madre cuyo amor y dedicación se entrelazan con cada jornada de servicio. Su historia es un testimonio de valentía, ternura y pasión por servir.
Nacida en Loja, Gabriela lleva once años desempeñándose en una profesión que, como ella misma confiesa, le ha robado el corazón. «Ser bombera es una de las mejores decisiones de mi vida», afirma con convicción. Y no es para menos: en cada emergencia, en cada incendio sofocado, en cada vida asistida, Gabriela ha dejado una huella imborrable de compromiso y solidaridad.
Pero su mayor incendio no se apaga con agua, sino que arde cálido y constante en su corazón: su hija de cuatro años, una pequeña que ilumina sus días y le recuerda a diario el verdadero sentido de la entrega. «Ser madre es el regalo más grande y transformador que la vida me ha dado», dice emocionada. Y es que en esa doble vida —de bombera y mamá— ha descubierto una fortaleza interna que no conocía, una resiliencia que alimenta tanto su vocación como su maternidad.
Compatibilizar ambas facetas no ha sido fácil. Las largas jornadas, las emergencias impredecibles y el desgaste físico y emocional de su labor contrastan con la dulzura y la atención que exige criar a una niña en plena infancia. Sin embargo, Gabriela ha encontrado el equilibrio en la organización, el amor incondicional y el inquebrantable apoyo de su familia. “Cada momento libre lo aprovecho al máximo con ella, porque sé que el tiempo y la calidad de los momentos compartidos son lo más valioso que puedo darle”, asegura.
Hay una imagen que se repite en su rutina y que guarda como un tesoro: al final de su turno, aún con el cansancio reflejado en el rostro, su hija corre a abrazarla y le dice: «Mami, te amo». Son esas palabras, esa risa infantil, las que le devuelven el aliento, la razón, la certeza de que cada esfuerzo vale la pena.
Lo que más disfruta son los momentos simples: leerle un cuento, jugar, escucharla hablar de su mundo, abrazarla fuerte. Y es que Gabriela entiende que esos pequeños instantes, muchas veces fugaces, construyen los grandes recuerdos. «Cada logro suyo, por pequeño que parezca, es un motivo de orgullo para mí», afirma.
Con la mirada puesta en el futuro, Gabriela sueña con seguir creciendo en su carrera, capacitarse, asumir nuevos desafíos y, sobre todo, formar a las nuevas generaciones de bomberos, especialmente mujeres que, como ella, desean servir y abrirse paso en un campo históricamente dominado por hombres. Todo esto, sin dejar de ser la madre presente, amorosa y firme que su hija necesita.
La historia de Gabriela Riofrío no es solo la de una profesional ejemplar, sino la de una mujer que demuestra que la maternidad y la vocación no tienen por qué ser caminos excluyentes. Que se puede ser fuerte y tierna, valerosa y maternal, disciplinada y amorosa. Ella es prueba de que el fuego que lleva dentro no solo combate incendios: también enciende esperanzas.
