David Torres, el arquitecto lojano que traza caminos entre la construcción, la docencia y la aventura

A sus 34 años, David Gabriel Torres Castillo ha logrado consolidar un perfil profesional y humano que combina la precisión técnica de la arquitectura con la libertad de los viajes en motocicleta. Nacido en Cariamanga, cantón Calvas, y formado en Loja y Cuenca, hoy es uno de los arquitectos jóvenes que comienza a destacar en el desarrollo de proyectos inmobiliarios con enfoque comercial, especialmente orientados a la venta.

Su historia es la de un profesional que se construyó desde la perseverancia y la convicción de que el talento se potencia con disciplina, oportunidades y una visión clara del camino.

De Cariamanga al mundo: formación y primeros pasos

Torres cursó sus estudios de bachillerato en el Colegio Experimental Bernardo Valdivieso, donde se inclinó por la especialidad Físico Matemático, una rama que siempre lo motivó por su relación directa con los números y la lógica. Pensó en ingeniería mecánica, profesión ligada a su afición por las motocicletas y la mecánica, pero la orientación familiar —especialmente la influencia de su padre— lo condujo hacia la arquitectura.

“Fue una elección sencilla”, recuerda. “Amo mi carrera, pero no soy de los que piensa que nací especialmente para esto; más bien he aprendido a quererla a través del trabajo”.

Gracias al apoyo de sus padres y a las oportunidades de la educación pública, ingresó a la Universidad de Cuenca, donde se graduó como arquitecto en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAUC), una de las más prestigiosas del país. Su formación se centró en planificación, proyectación y construcción de edificaciones y espacios públicos, una base académica sólida que hoy respalda cada una de sus propuestas.

El inicio de un proyecto profesional que sigue creciendo

Recién titulado, Torres entendía que ejercer su profesión no era una opción, sino un camino inevitable. Así, comenzó ofreciendo sus servicios a conocidos y amigos, desarrollando pequeños proyectos mientras compartía oficina en un espacio tipo coworking junto a corredores inmobiliarios. Ese entorno marcaría un punto decisivo: ahí nació la sociedad que hoy sostiene RED EMART Cía. Ltda., empresa con la que suma ocho años de trabajo continuo en el desarrollo de proyectos inmobiliarios.

Con el paso del tiempo, David descubrió que una de sus etapas predilectas del proceso arquitectónico es el momento inicial: la entrevista, el análisis del terreno, la identificación de necesidades y ventajas. “Disfruto cuando empiezo a proyectar los espacios en mi mente”, comenta.

Sin embargo, reconoce también la parte menos grata del ejercicio profesional: la burocracia. “Los municipios deberían sacrificar puestos y reinvertir eso en automatizar procesos informáticos”, afirma, en referencia a los retrasos y trámites que suelen frenar la aprobación de proyectos.

Satisfacciones, retos y aprendizajes

A lo largo de su carrera, Torres ha acumulado proyectos que le generan satisfacción y orgullo. Pero sabe que el tamaño del desafío influye directamente en la recompensa profesional. Actualmente, tiene aprobado un proyecto de gran envergadura en la ciudad de Machala, cuya ejecución está prevista para 2026.

También ha vivido momentos duros: su mayor decepción ocurrió apenas en su segundo año de ejercicio profesional, cuando un cliente invirtió cerca de medio millón de dólares en un edificio que no se construyó como él lo había proyectado. “Terminó siendo un edificio cualquiera”, cuenta, con la honestidad de quien comprende que la arquitectura, a veces, depende de decisiones que van más allá del plano técnico.

El espíritu docente y una vocación por compartir conocimiento

Hijo de una familia de docentes, David confiesa que la enseñanza es un camino que ve con claridad en su futuro. “La experiencia laboral me ha permitido entender cómo se debería formar a los futuros profesionales”, señala.

Su intención es convertirse en docente universitario a mediano plazo, convencido de que la educación es una herramienta decisiva para preparar a las nuevas generaciones de arquitectos frente a los desafíos del sector.

Más allá de los planos: motocicletas, viajes y libertad

Pero el arquitecto no es solo su profesión. Su otra gran pasión son las motocicletas, la mecánica y los viajes largos por carretera. Este año emprendió junto a su esposa una travesía que marcó su vida: recorrieron en moto el trayecto Loja – Cartagena, cruzando de extremo a extremo Ecuador y Colombia en un viaje de 20 días. “Fue espectacular”, resume, destacando el valor de compartir la aventura con su compañera de vida.

Su esposa, dice con gratitud, es su principal apoyo y motivación para tomar decisiones importantes, tanto personales como profesionales.

Dónde encontrar su trabajo

David Torres atiende en la planta baja del Edificio Akropolis, ubicado en las calles Sucre entre Azuay y Mercadillo, en Loja. Para conocer más de sus proyectos, se puede visitar su cuenta de Instagram profesional: @arqadearqe.

Con visión, disciplina y una mezcla equilibrada entre técnica y pasión, David Torres sigue construyendo no solo edificaciones, sino una trayectoria que promete dejar huella en el ámbito arquitectónico del sur del país.

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