Un buen padre vale más que una escuela con cien maestros.

Padre, gracias por la vida que me has dado. Gracias por la manta que me cubre, el techo que me cobija y el pan que me das de comer. Gracias por tu protección, que con los brazos cansados al final del día sé que nunca me faltarán. Gracias por renunciar a tus sueños para hacer realidad los míos. Gracias simplemente existir y ser mi padre.

Texto y Fotografía: José Eduardo Mendieta

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