“Loja no merece ser desierto, pero su gente vive arruinada por cortes de agua de hasta tres semanas; cinco días sin derecho al baño; miles de trastos sucios, lágrimas de sed y esperanza retenida. En medio del caos, el agua se convierte en privilegio, y el silencio municipal, en una afrenta contra la dignidad. Este clamor no es solo mío: nace del grito de hogares enteros que reclaman justicia.”
«El agua y el aire son los dos fluidos esenciales de los que depende toda la vida». — Jacques Cousteau
I. Un grito colectivo: la ciudad que agoniza en silencio
Como ciudadano lojano, como padre, abogado y defensor de derechos, me indigna constatar que nuestra querida Loja se ahoga, no en agua, sino en la inoperancia y el abandono. Las recientes lluvias que han azotado al país no han sido la causa, sino el espejo: han desnudado la precariedad de una gestión municipal incapaz, encabezada por el alcalde Franco Quezada, cuya administración comienza a dibujarse como la peor de nuestra historia democrática.
No enfrentamos únicamente un desastre natural. Esta es una crisis de gestión, de prioridades y de humanidad. El agua potable —elemento vital y derecho humano— se ha convertido en un lujo para muchos y privilegio para pocos. Mientras barrios enteros como Época, Julio Ordóñez, Miraflores, Villonaco, El Plateado y otros, sobreviven hasta tres semanas sin una gota, el centro de la ciudad goza del suministro. Esta desigualdad revela la más dolorosa de las verdades: no nos falló el clima, nos fallaron los líderes.
II. La Constitución y el derecho ignorado
La Carta Magna del Ecuador es clara y luminosa: el agua es un patrimonio nacional estratégico, inalienable e imprescriptible. Lo consagran los artículos 12, 276, 282, 313, 314 y 318. Lo ha reiterado la Corte Constitucional: negar el acceso al agua es violar derechos fundamentales.
Sin embargo, en Loja, esta norma es papel mojado. También la ONU, con su Resolución 64/292 de 2010, declaró el acceso al agua potable y al saneamiento como derechos humanos esenciales, al afirmar que «toda persona tiene derecho a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para su uso personal y doméstico». Esta resolución es letra muerta.
Pero en nuestra ciudad, ese derecho es ignorado. Se legisla en la teoría y se abandona en la práctica.
III. Causas ocultas: negligencia y teatro
Los técnicos atribuyen la falta de agua a daños en la línea de conducción Carigán, provocados por la saturación del suelo. Pero lo que yace bajo esa explicación técnica es una realidad más grave: falta de mantenimiento, infraestructura obsoleta y una política de parches y apariencias.
Se nos administra con improvisación. Se nos gobierna con promesas rotas. Se nos trata como espectadores de un teatro municipal donde la tragedia es real, pero las soluciones son ficción.
IV. La politiquería del agua: populismo en tanquero
Resulta aún más insultante presenciar cómo, en medio de esta emergencia, ciertos “politiqueros camiseteros” intentan erigirse en redentores de ocasión. Contratan tanqueros para repartir agua en los barrios afectados, convirtiendo la desgracia ajena en una grotesca campaña fotográfica. Nos humillan, nos tratan como mendigos, mientras se cuelgan medallas por un supuesto acto de caridad que no es más que una puesta en escena de populismo vulgar.
Son piezas de un “gobierno de cartón”, tan vacío de contenido como el Presidente de la República, que exhibe una ineptitud alarmante y un desprecio absoluto por las verdaderas necesidades del pueblo. Se aprovechan del sufrimiento ciudadano para posar como salvadores, pero no son gestos de solidaridad, sino campañas disfrazadas, y cada gota repartida frente a las cámaras es una bofetada a la dignidad de nuestro pueblo.
V. El silencio cómplice del Concejo
El Concejo Municipal calla. Y quien calla en política, consiente. Su omisión no es neutral: es una forma de violencia institucional. Los concejales deben rendir cuentas, no solo ante la ley, sino ante la historia y ante un pueblo que los observa sediento y defraudado.
¿Acaso no ven el sufrimiento de sus votantes? ¿O simplemente sus hogares sí tienen agua?
En lugar de asumir su rol fiscalizador con dignidad y firmeza, se han dedicado a protagonizar peleas de novela barata, disputas estériles en medios de comunicación, convirtiendo al cabildo en un circo, donde el payaso es el mejor juez y el espectáculo sustituye al servicio. Loja merece deliberación, no farsa; soluciones, no escándalos.
VI. Propuestas: de la indignación a la acción
Como lojanos no podemos limitarnos al lamento. Debemos ser también arquitectos de la solución, es hora de dejar la crítica vacía y pasar a la crítica constructiva y propositiva:
- Declaratoria de emergencia hídrica y plan de contingencia inmediato: Activar un plan transparente y equitativo, con participación interinstitucional y priorización de los sectores más afectados.
- Inversión urgente en infraestructura hídrica: Construcción de nuevos reservorios, reparación de redes, y modernización del sistema. No más parches: Loja merece futuro.
- Transparencia y fiscalización: Cada dólar destinado al agua debe ser fiscalizado por la ciudadanía. La corrupción nos roba más que el agua: nos roba el porvenir.
- Participación ciudadana activa: Es hora de abrir canales reales de escucha. Las organizaciones barriales, las juntas de agua, las comunidades deben tener voz y voto en cada decisión.
VII. El agua: más que un servicio, un símbolo de justicia
“El agua es el verdadero oro de la tierra.” — Antoine de Saint-Exupéry
El agua es vida, es salud, es educación, es desarrollo. Sin agua, no hay dignidad ni democracia. Su ausencia no es solo un fallo técnico, es un síntoma de algo más profundo: la descomposición de la gestión pública, la indiferencia institucional, la fractura del pacto social.
Este problema no es aislado: es la superficie de otras dolencias estructurales, como la inseguridad, la pobreza y el desempleo. Pero empezar por el agua es comenzar por la raíz. Porque donde el agua falta, todo lo demás se quiebra.
No hablamos solo de presión en las tuberías. Hablamos de la presión social de un pueblo que reclama, que se organiza, que exige. Es un clamor que nace en los barrios y se eleva como principio: el agua no es privilegio, es derecho.
Lo dijo también Jacques Cousteau, con la claridad de quien conoce los fundamentos de la vida:
“El agua y el aire son los dos fluidos esenciales de los que depende toda la vida. Por estas dos cosas se rige la vida.”
En Loja, ese principio está siendo traicionado. Y frente a esa traición, la ciudadanía se levanta.
VIII. Un compromiso con Loja
No escribo estas líneas para ganar simpatías, sino porque el liderazgo verdadero nace del dolor compartido y del coraje para actuar. He vivido esta sed como tantos lojanos: en el rostro de mi hijo, que espera agua para su baño; en las manos fatigadas de mi compañera, que lavan con lo que queda; en el grifo seco de una ciudad que clama justicia.
Esta lucha por el agua es más que una demanda social: es una batalla por el alma de Loja, por su dignidad, por su derecho a renacer con esperanza.
Este artículo no es un simple reclamo: es una voz de alerta, un llamado urgente a la acción, y una promesa irrevocable: los ciudadanos de Loja no nos quedaremos callados.
Exigimos un futuro en el que el agua sea un derecho garantizado, no una mercancía de campaña ni una limosna electoral.
IX. Epílogo: donde nace el mañana
«Mientras Loja sufra sed de justicia, ningún mandato será legítimo. La presidencia no comienza con un título, sino con el coraje de defender la vida cotidiana de su gente. El mañana se escribe hoy, cuando el agua vuelve a ser derecho, no privilegio.»
Porque Loja sedienta hoy… será Loja libre mañana.
Realizado por:
Frank Editson Castillo Ramírez
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