“La Corte Constitucional ha recordado que la Carta Magna no es un campo de batalla electoral, sino el pacto supremo de convivencia social; en el Estado de Derechos no caben improvisaciones, porque la Constitución no se negocia: se respeta.”
- La Corte como Pared Maestra del Estado
La Corte Constitucional del Ecuador se erige como el muro de carga del edificio republicano: sin ella, la arquitectura del Estado se desmoronaría ante el más leve temblor político. Sus recientes dictámenes —7-25-RC/25, 6-25-RC/25 y 8-25-CP/25— no son simples actos jurisdiccionales, sino auténticos recordatorios de que la supremacía constitucional no admite atajos, improvisaciones ni fórmulas dictadas al calor de la popularidad.
Cuando la política se disfraza de democracia directa, intentando colocar al pueblo frente a preguntas inconstitucionales, es la Corte quien devuelve el proceso a sus cauces. No porque ignore la voz ciudadana, sino porque entiende que esa voz se escucha dentro de los límites que marca la Constitución: fuera de ellos, la consulta deja de ser un acto democrático y se convierte en una trampa populista.
La Corte no es enemiga del pueblo, como dictan los eslóganes que buscan desacreditarla; es, por el contrario, la guardiana más severa de su libertad. Allí donde el poder transitorio intenta mutilar derechos, someter jueces o borrar instituciones de control, la Corte interpone la muralla invisible de la Carta Magna.
En su jurisprudencia se condensa un principio rector: los derechos no se plebiscitan, se garantizan; la independencia judicial no se negocia, se protege; y la estructura del Estado no se improvisa, se respeta.
Así, este tribunal no se limita a interpretar normas: preserva el equilibrio entre poderes y protege el núcleo duro de la democracia constitucional. Es la pared maestra que sostiene el edificio, evitando que el capricho político derrumbe los cimientos de la República.
- Crítica Constitucional: El Estado sin brújula
El mayor pecado de la política no es soñar, sino improvisar. Las propuestas sometidas a examen evidencian no solo una falta de claridad técnica, sino también una alarmante carencia de asesoría jurídica en las más altas esferas del poder.
Un Estado de Derechos, a diferencia de un simple Estado legal, se estructura en base a pilares indeclinables:
- Supremacía de la Constitución.
- Respeto a los derechos fundamentales.
- Lealtad democrática.
- Claridad normativa.
Cuando el Ejecutivo propone la eliminación de un órgano constitucional como el CPCCS sin evaluar su impacto en la separación de funciones, revela más desconocimiento que audacia. Cuando se intenta someter a juicio político a los jueces de la Corte Constitucional, se expone una voluntad de sometimiento que contradice la esencia misma de la independencia judicial.
El error no está en preguntar al pueblo, sino en formular preguntas inconstitucionales que, lejos de fortalecer la democracia, la erosionan.
III. El Estado de Derechos no es un escenario de ensayo
La improvisación política olvida que la Constitución no es un papel en blanco para redactar ocurrencias, sino la piedra angular del sistema democrático. Un Estado de Derechos no improvisa, no confunde consulta con reforma, ni reforma con enmienda.
La falta de asesoría jurídica adecuada en la administración central desnuda un drama mayor: el debilitamiento institucional. Si el poder político desconoce las rutas de la Constitución, ¿cómo espera guiar a la nación hacia el futuro?
El derecho no es un estorbo; es el faro.
La Corte Constitucional no es obstáculo; es cimiento.
El Estado no se improvisa; se construye con técnica, rigor y respeto a la Carta Magna.
- Conclusión: Entre la política y el derecho
Criticamos con firmeza, pero lo hacemos desde el derecho, no desde la trinchera mezquina de la politiquería. Nuestra voz se alza desde la Constitución, no desde la coyuntura electoral ni desde el cálculo partidista.
El error no está en preguntar al pueblo —pues la democracia vive del diálogo social—, sino en preguntar mal, con premisas inconstitucionales, con fórmulas improvisadas que atentan contra la estructura misma del Estado de Derechos. El error no está en la voluntad de reformar, sino en pretender hacerlo a espaldas de la técnica, de la claridad normativa y de la brújula constitucional que ordena el camino.
Si el Estado insiste en desoír la asesoría jurídica seria y en convertir la Constitución en un escenario de ensayo político, terminará no modernizando la República, sino fracturándola; no ampliando derechos, sino debilitando su vigencia; no fortaleciendo la democracia, sino erosionándola con discursos vacíos y preguntas ilegítimas.
La Corte Constitucional ha recordado que la Carta Magna no es un campo de batalla electoral, sino el pacto supremo de convivencia social. Y ese pacto no se tuerce al arbitrio del gobernante de turno, porque el derecho, como espada, defiende; y como escudo, protege.
“La Constitución no se arrodilla ante la política: es la trinchera donde el derecho resiste y el pueblo se hace invencible.”
Castillo Law Firm, vanguardia constitucional, guardián del Estado de Derechos.
Realizado por:
Frank Editson Castillo Ramírez
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8432-2378
Cel: 0985707410
@Frankeditson
