En un rincón de Celica, Loja, nació hace 52 años Jen Volter Quevedo Torres, un hombre que no solo ha hecho carrera como economista, asesor financiero y de seguros, sino que ha labrado su mayor legado en el corazón de su familia. Su historia nos recuerda que la paternidad va más allá del rol tradicional: es amor, guía, responsabilidad y transformación.
Padre de Daniela y Jean Pierre, y orgulloso abuelo de Oliver, Jen habla de la paternidad como una escuela de vida: “Para ser padre no hay una guía; se aprende cada día. Hay una frase que siempre repito: Se aprende a ser hijo cuando se es padre y se aprende a ser padre cuando se es abuelo”. Y es que su experiencia lo confirma. Desde que se convirtió en padre, su vida dio un giro total. Sus hijos se convirtieron en su principal motor, la fuente de su crecimiento personal y profesional. “Cada logro, cada triunfo conseguido, es producto de sus risas, sus abrazos y su amor incondicional”, confiesa.
Durante la infancia de sus hijos, Jen no escatimó tiempo ni afecto. Disfrutó cada juego, paseo y jornada familiar. “Les brindé tiempo de calidad”, recuerda con orgullo. Hoy, aunque sus hijos ya son adultos y profesionales —Daniela es licenciada en Educación Inicial y Jean Pierre es ingeniero en Mecatrónica—, él sigue siendo su apoyo constante. Celebra con ellos cada triunfo y está presente cuando los resultados no son los esperados.
Para Jen, la verdadera satisfacción de un padre está en ver a sus hijos superarlo. Y lo ha vivido: ambos fueron estudiantes destacados y hoy se desempeñan con éxito en sus respectivas áreas. “Aspiro que sigan creciendo, que sean seres humanos con amor y servicio al prójimo”, dice con una mezcla de emoción y esperanza.
Convertirse en abuelo ha sido, en sus palabras, una realización doble. Oliver, su nieto, ha renovado su visión del amor familiar, recordándole que la paternidad no termina: se transforma, se expande y se multiplica en nuevas generaciones.
En este Día del Padre, la historia de Jen Volter Quevedo Torres nos recuerda que no hay mejor herencia que la del tiempo, el ejemplo y el amor incondicional.

Maravilla de Hijo, esposo y padre siempre buscando alternativas para ser cada dia el mejor ejemplo de vida para sus hijos y para todos los de casa. No con palabras sino con hechos el reflejo de sacrificio que le ha tocado vivir y pasar Dios y la Churonita le ayudo siempre y su Fé inquebrantable lo llevo a cumplur su deseo para que sus hijos sean ahora excelentes profesionales y su nieto lleno de mucho amor