Freddy Inga, lojano de 40 años, es licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Educación por la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI). Su formación académica se complementa con una trayectoria forjada desde muy joven en el ejercicio periodístico, iniciada a los 17 años en su natal cantón Huaquillas, provincia de El Oro. Allí dio sus primeros pasos como aprendiz junto a su mentor, Manuel Rugel Valencia, experiencia que marcó su vocación y lo vinculó tempranamente con el periodismo local y comunitario.
Su camino profesional comenzó en Radio La Voz de Huaquillas y continuó como ayudante de fotografía en Diario Opinión de Machala, además de su paso por Radio Onda Sur y Radio Gaviota. Tras culminar sus estudios secundarios, se trasladó a Loja con el objetivo de continuar su formación universitaria en la Universidad Nacional de Loja. Fueron años complejos: sin oportunidades inmediatas en medios de comunicación, trabajó como vendedor ambulante de pizzas, una experiencia que no lo alejó del oficio, sino que reforzó su determinación por ejercer el periodismo.
Ese empeño lo llevó a presentarse en el Municipio de Loja, donde, en medio de la informalidad, logró acercarse a Minio Sarmiento, quien le abrió las puertas de Radio Loja para participar en un programa sobre temas barriales. Más adelante, el encuentro con Daniel Tacuri, entonces productor de TV Sur, fue clave para su formación técnica. En ese medio —hoy desaparecido— aprendió edición de noticias, dedicando largas jornadas nocturnas para dominar un proceso que, en ese entonces, era más complejo que en la actualidad. Permaneció cerca de dos años, consolidando su experiencia en televisión.
Posteriormente trabajó brevemente en Diario Crónica y luego en Diario El Mercurio de Loja, donde se desempeñó como reportero. Su estilo, enfocado en la cobertura directa de hechos policiales y sucesos, no terminó de ajustarse a la línea editorial del medio, lo que lo llevó a cerrar ese ciclo tras seis meses. Decidió entonces regresar a El Oro, donde laboró durante medio año como relacionador público en el Municipio de Balsas, antes de retomar el camino del periodismo en medios nacionales.
Ese retorno se concretó al tocar puertas en Diario Extra y Diario Expreso, empresas del grupo Granasa, donde obtuvo la oportunidad de desempeñarse como corresponsal desde Loja y Zamora. En esa función acumula cerca de 15 años de trabajo ininterrumpido, período en el que ha fortalecido su oficio narrando historias desde la calle, con énfasis en la realidad social y los hechos que marcan a la ciudadanía. Paralelamente, desde hace dos años forma parte de TC Televisión, experiencia que le ha permitido ampliar su mirada profesional y adaptarse a nuevas dinámicas informativas. Además, impulsa su propio medio de comunicación digital.
Inga se define como un periodista que disfruta contar historias y que mantiene una postura crítica frente al discurso oficial, especialmente cuando percibe que las autoridades faltan a la verdad. Entre los casos que más lo han marcado están el de la pequeña Emilia y el de Jacqueline y su hijo, hechos que le generaron indignación y frustración. También recuerda con claridad una cobertura junto a su colega y amigo Carlos Andrade —ya fallecido— durante un deslave en la vía Loja–Zamora, donde estuvieron a punto de quedar sepultados, experiencia que evidenció los riesgos del periodismo en territorio.
Más allá del trabajo, Freddy Inga valora el tiempo en familia, la lectura, el ejercicio físico —especialmente el gimnasio y el atletismo—, los viajes y los fines de semana en las piscinas. Es padre de dos hijos y de un perro, a quienes considera su mayor motivación, junto con sus padres y su esposa. De cara al futuro, se proyecta ejerciendo el periodismo que le apasiona y aspira a la docencia universitaria, con el objetivo de formar a nuevas generaciones en el periodismo de calle, aquel que se construye en contacto directo con la realidad y no desde un escritorio.
Convencido de que el periodismo no es una vía para el enriquecimiento económico, Freddy Inga reivindica la ética profesional como pilar del oficio. Para él, la mayor satisfacción es ver su trabajo publicado y saber que las historias contadas tienen impacto en la sociedad, reflejando la voz de quienes muchas veces no la tienen.
