El trabajo dignifica al hombre y eso lo tiene claro Guillermo Palacios Lavanda, reconocido peluquero de Loja que ha sabido ganarse a pulso un reconocimiento de su labor.

A temprana edad empezó a trabajar en la albañilería, para ayudar a solventar los gastos de su casa conformada por siete hermanos más. Incluso no pudo terminar la secundaria por dedicarse a trabajar, pues se educaba en horario nocturno en el colegio Bernardo Valdivieso hasta quinto curso.
Su hermano mayor fue el primer peluquero de la familia y él le enseñó ese legado. Con una sonrisa característica de la gente humilde, ‘El Suco Palacios’, como también lo identifican sus clientes, relata que muchas veces se ‘dañaban la cabeza’ con su hermano y primos aprendiendo el arte de la peluquería.
No obstante, en esos tiempos, había que tener tres años de experiencia en la rama, presentarse en la Junta de Defensa del Artesano y se obtenía el título de Peluquero Profesional.
Pero Guillermo y su hermano constantemente se capacitaban con maestros más especializados y así fueron ganando terreno en Loja.
El hermano de Guillermo puso su local en las calles Azuay y Lauro Guerrero y ahí trabajaron juntos por el lapso de siete años, hasta que decidió independizarse.

Desde el 2000 Guillermo tenía su ‘Peluquería Palacios’ al interior de la terminal terrestre Reina del Cisne donde contaba su propia clientela, pero la pandemia cambió las planes y por el poco flujo de personas en este sector, decidió ubicar su local en la calle Bolívar y Miguel Riofrío. (Frente al Micromercardo Raquelita)
Su especialidad son los cortes y barbería para caballeros, aunque también sabe de peinados, lavado de cabello y alisado para damas. Con estos 27 años de profesionalismo en la peluquería, Guillermo Palacios Lavanda con mucho beneplácito dice que ha podido darles el estudio a sus tres hijos y se siente orgulloso de ellos.
Lo que lamenta es que vayan quedando pocos peluqueros referentes de antaño, ya que hoy en día proliferan peluquerías de extranjeros. Se despide indicando que él proviene del humilde barrio occidental de Salapa, donde el trabajo es un estilo de vida.
