Uno de los artefactos más conocidos y comunes en el mundo de la construcción y jardinería, son las afamadas carretillas, instrumentos de una sola rueda, y que según historiadores fueron creados hacia 200 años antes de nuestra era, en China.

Pero, desde hace un poco más de medio siglo, el ingenio de los habitantes de la ciudad de Catacocha, cantón Paltas, hizo de estas herramientas un sinónimo de progreso, gracias a las conocidas “carretilladas”, que no son otra cosa, que el servicio de transporte de alimentos o artefactos, con una carretilla.
Esta labor es ya una tradición en este cantón, y tiene a su haber más de 60 años, explicó José Manuel Romero, quien es oriundo de San José de Lourdes. Se dedica a este trabajo desde hace 11 años aproximadamente, “no hay fuentes de trabajo y hay que buscársela en lo que haya” confesó, mientras alistaba a su fiel compañera para una nueva carrera.

Como José, en Catacocha, hay decenas de personas dedicadas a esta labor, trabajo que tiene bastante demanda, en especial los días domingos en la feria libre, cuenta Rita Benítez Córdova, usuaria.
Para ella, el acceder a este servicio le brinda dos ventajas, la facilidad para transportar los comestibles entre puntos cercanos y también la satisfacción de poder ayudarlos a los emprendedores; señaló, a la vez que nos cuenta hay personas de todas las edades en este trabajo y no todos los hacen enmarcados en una necesidad inmediata; sino que están en busca de tener un ingreso extra, éste es el caso de Jefferson G. junto a su amigo Yober M, dos infantes de aproximadamente 12 años.

Ellos estudian en la escuela presencial y realizan esta labor los días domingos; pero, a diferencia de muchos otros casos, ellos emprendieron por voluntad propia; ya que se presentó como una oportunidad para conseguir dinero honradamente y darse una ayuda económica, para ellos, “con lo que gano, me gasto en el bar de la escuela e inclusive les compro a mis hermanos una que otra golosina” dijo Jefferson; a diferencia del prevenido Yober, quien explica tiene la prioridad de ahorrar para tiempos de crisis; pero, en lo que si concuerdan que lo más importante en este negocio es la honestidad, para así mantener clientes.
Con esta filosofía concuerda, Nicolás Yaguana, él es oriundo de Velacruz, y está dedicado a la agricultura; pero los domingos también se vuelve piloto de su carretilla.

“A mí la gente me confía, y con la responsabilidad y honestidad la gente lo aprende a apreciar a uno” argumentó, al tiempo que reveló lo duro que resulta en ocasiones estas jornadas de trabajo, “muchas de las veces nos prefieren más que a las camionetas” concluyó.
Otra de las historias de vida vinculadas a ‘una rueda’ es la de Wilson Saritama, habitante del barrio Naranjo Palto, también forma parte de este innovador emprendimiento desde hace 5 años, pero en su caso ejerce este trabajo todos los días de la semana. Él confiesa que hay mucha competencia en esta labor; pero por sobre todas las cosas prima la camaradería y respeto entre quienes realizan el trabajo, él explicó que cada viaje de carretilla tiene un costo de 0,50 cvos. de dólar, tarifa básica y que puede incrementarse, tomando en cuenta el peso y la distancia que cada viaje.
Sin duda todos ellos unos verdaderos emprendedores, que fortalecen más aún la teoría que oportunidades laborales hay; pero hay que saberlas buscar.
El dato
El costo de una carretilla metálica ideal para esta labor, es de 60 dólares.
