María Isabel Espinosa Ortega: docencia, derechos humanos y servicio público desde Loja

A sus 35 años, la lojana María Isabel Espinosa Ortega ha construido una trayectoria marcada por la docencia universitaria, la defensa de los derechos humanos y el servicio público, tanto en el ámbito nacional como internacional. Desde 2015 se desempeña como docente de tercer y cuarto nivel y, actualmente, dirige dos programas de posgrado en la Universidad Nacional de Loja: la Maestría en Derecho Laboral y Seguridad Social y la Maestría en Derecho Procesal Constitucional. Paralelamente, impulsa la iniciativa La Ciudad de los Rascacielos, orientada a la promoción y protección de los derechos humanos.

Su formación académica y profesional se ha nutrido también de una intensa vida lectora. Autores como Byung-Chul Han y Viktor Frankl ocupan un lugar central en sus intereses intelectuales. La reflexión sobre el Holocausto y los sitios de memoria, que ha conocido en varios viajes de formación en Europa, han reforzado su compromiso con la cultura de paz y la prevención del extremismo y el discurso de odio. En el plano literario, combina el ensayo filosófico con la novela contemporánea, desde La biblioteca de la medianoche de Matt Haig hasta La paciente silenciosa de Alex Michaelides, lecturas que, según afirma, la invitan a cuestionar la vida cotidiana y las decisiones personales.

Espinosa cursó la educación básica en la Unidad Educativa Santa Marianita de Jesús y el bachillerato en el Liceo de Loja, espacios que influyeron en su formación en valores, liderazgo y oratoria. Tras graduarse del colegio decidió estudiar Derecho y obtuvo un cupo en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, lo que la llevó a residir en Quito. Años más tarde regresó a Loja por motivos familiares y concluyó su carrera en la Universidad Técnica Particular de Loja, donde fortaleció su vocación de servicio a través del voluntariado, la participación en el Parlamento Universal de la Juventud en Berlín y el trabajo con la Cátedra UNESCO de Cultura y Educación para la Paz. En ese periodo también formó parte del primer equipo institucional que representó a la universidad en concursos internacionales de derechos humanos en Estados Unidos y México.

El inicio de su vida profesional estuvo marcado por las dificultades para acceder a un empleo en su ciudad. Ante la falta de oportunidades, decidió trasladarse nuevamente a Quito y postular a distintas instituciones públicas. Así obtuvo su primer cargo en la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), como analista de registro de títulos del exterior. De forma paralela cursó la Maestría en Investigación en Derecho, mención Derecho Constitucional, en la Universidad Andina Simón Bolívar, donde más tarde también realizó una maestría en Derecho Penal. Actualmente es doctoranda en Estudios Interdisciplinarios de Género y Políticas de Igualdad en la Universidad de Salamanca, en España.

Su paso por el sector público continuó en el Consejo de Educación Superior y el Consejo de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, espacios en los que asumió mayores responsabilidades y fortaleció su experiencia en políticas educativas. En 2016 se vinculó a la Defensoría del Pueblo del Ecuador, institución que considera central en su desarrollo profesional. Allí ocupó cargos como Especialista Tutelar, Directora Nacional de Denuncias y Reclamos de Consumidores y Directora Nacional de Protección a Personas Desaparecidas y Reparación a Víctimas. Desde esas funciones articuló acciones con organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Auschwitz Institute for the Prevention of Genocide and Mass Atrocities, y participó en la Comisión Especial para la Verdad y la Justicia, creada tras los hechos de octubre de 2019.

Posteriormente integró el entonces Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, donde se desempeñó como Especialista de Obligaciones Internacionales en Derechos Humanos y Directora Nacional de Derechos Humanos subrogante. Su trabajo incluyó la coordinación del cumplimiento de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, informes ante organismos internacionales y procesos de reparación a víctimas de graves violaciones de derechos humanos documentadas por la Comisión de la Verdad del Ecuador. En ese contexto se lograron los primeros acuerdos reparatorios firmados por el Ejecutivo, un hecho que marcó un precedente en el país.

Su experiencia territorial se amplió como responsable de la Oficina Técnica Zonal de la Secretaría de Derechos Humanos para las provincias de Loja, Zamora Chinchipe y El Oro, con énfasis en la atención integral a sobrevivientes de violencia basada en género. Este recorrido derivó en su designación como máxima autoridad del Consejo Nacional para la Igualdad de Género, desde donde impulsó la planificación con enfoque de género, la articulación con organizaciones sociales y la cooperación internacional, así como la transversalización de este enfoque en la gestión territorial. También participó en el examen del Estado ecuatoriano ante el Comité CEDAW.

Tras varios años de intensa actividad en el servicio público, decidió hacer una pausa y retornar a Loja para dedicarse de lleno a la academia. En la Universidad Nacional de Loja asumió la docencia a tiempo completo y la dirección de programas de posgrado, convencida de que la educación es hoy su principal forma de servicio. Desde ese espacio promueve una formación rigurosa, con énfasis en la ética profesional, la lectura crítica y la responsabilidad social, en un contexto donde, advierte, la obtención de títulos de cuarto nivel corre el riesgo de convertirse en un fin en sí mismo.

Para Espinosa, la mayor satisfacción de su carrera ha sido acompañar a personas que habían perdido la confianza en el Estado y las instituciones, y contribuir a procesos de reparación y acceso a la justicia. Al mismo tiempo, reconoce como una de sus mayores preocupaciones el debilitamiento de la institucionalidad pública en materia de derechos humanos en el país. Aun así, mantiene la esperanza de volver al servicio público y al trabajo territorial, una vez culminado su doctorado, con el objetivo de aportar a la formulación de políticas públicas con enfoque de género y a la construcción de una cultura de paz.

Desde la docencia y la investigación, María Isabel Espinosa Ortega continúa apostando por el servicio como eje de su vida profesional. Convencida de que las pequeñas acciones también transforman realidades, sostiene que el tiempo es limitado, pero suficiente para aportar desde la vocación y los talentos propios, incluso en contextos marcados por la desigualdad, la violencia y la desconfianza institucional.

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