José y Damián, un amor entre cuatro paredes

Redacción: Alexandra Sarango.

“Desde los 8 años sabía cuáles eran mis gustos, no sabía que se le llamaba homosexualidad”, es un relato doloroso que ratifica que somos una sociedad que excluye y humilla cuando no se cumplen los estándares de lo masculino y lo “macho”.

José no sabía que estaba mal sentir una atracción “diferente”, hasta que su mamá lo vio jugando con unas muñecas y le dijo algo sobre los “maricas”.

 Cuando no encajas con el resto, la vida colegial es la etapa ideal para recibir ataques y discriminación, “aunque no sepan si eres gay, te insultan, y si lo eres, el insulto es más hiriente” José tiene 25 años, es de Loja y su testimonio, es una historia basada en una sociedad que desprecia y estigmatiza a las personas por su orientación sexual.  

“En mi adolescencia pensaba que era asexual”, esto solo era parte del desconocimiento, él sentía que no le atraía nadie, pero en realidad era la manera más sencilla de ocultar su homosexualidad, sin quererlo. “Todos eran súper machos, y eso que jugaba futbol y me involucraba en algunos deportes” comenta, mientras continúa su relato con un hilo de insultos que le decían dentro de una institución educativa.

No se oculta y es leal con que lo siente; su círculo más cercano de amigos, saben que es homosexual y mantiene una relación de 3 años con Damián. Jamás se le ha cruzado por la cabeza contarle a su familia, “si no le cuento a mi mamá, quizá no le cuente a nadie” es algo que no se mantiene detrás de un clóset ni se oculta para siempre, prefiere que se den cuenta sin decir nada.

Su relación empezó con las típicas preguntas: ¿Cuántos años tienes? ¿Estudias? ¿Dónde vives?, etc.; José conoció a Damián en un evento cultural; tras cruzar varias miradas durante una noche, entablaron una conversación, caminaron varias horas por las calles, como dos amigos. “No llevaba abrigo, él sacó uno y me la puso sobre los hombros” cuenta José. Conversaron casi hasta el amanecer, “conversamos de todo: ex, familia, baile, amigos y estudios” se les pasó el tiempo, no les importaba el peligro que les rodeaba por caminar a altas horas de la noche.

La despedida fue inesperada, rara, dice José, solo se dijeron “chao”. Caminar esa noche sin importar nada fue algo que le llevó a José a buscar a Damián en redes sociales, continuaron hablando, de todo un poco y a todo momento. “Nos molestábamos y bromeábamos” y tras varios días de haber intercambiado varios chats, quedaron en ir a comer, esa salida fue el inicio de muchas más. La segunda salida juntos, fueron a una fiesta de un amigo de Damián, allí se dieron su primer beso.

Hablar constantemente y coincidir en ciertos gustos, como el baile y en los estudios hizo que encajaran; en su primer beso solo importaban los dos, no importaba que habían nacido hombres y que bajo prejuicios sociales no debían sentir atracción ni amor. Aunque el tiempo no era su aliado, porque José estudiaba en la mañana y Damián en la tarde, continuaron con las muestras de cariño y el interés que ambos sentían por conocer el uno del otro iba aumentando.

Desde el primer día que se cruzaron sus miradas, sabían que tener una relación entre los dos iba a ser complicado y arriesgado por la familia de ambos y por todo lo que implica tener una relación entre dos hombres, pese a todo, decidieron darse la oportunidad de amar, olvidando los prejuicios, la discriminación y el odio.

José cuenta su historia de amor como algo mágico, como si en ese momento hubiera estado en un mundo distinto, “esta historia no tendría nada de “raro” (entre comillas), ni de especial, si no fuera entre dos hombres, porque te cuento mi relación sin mencionar el género de la sonrisa que me enamoró”, dice.

Hasta el día de hoy no ha importado ser hombres y amarse, sin embargo “el amor escondidas” los limita dentro de cuatro paredes, por sus familias, que no se pueden enterar, por los amigos que no saben y ante ellos tienen que disimular.

“Cuan diferente sería exteriorizar el amor que en un cuarto nos tenemos” dice José, pero el temor a ser juzgados y señalados hace que en la noche cuando nadie ve, el amor para los homosexuales sea como el día para ellos. Cada vez que José y Damián salen a la calle, salen a un clóset inmenso de exclusión y prejuicios, no pasan de ser buenos amigos, para la sociedad.

Todos los días, personas homosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, travestis transexuales, transgénero e intersexuales son vejados y humillados, ante ello deberíamos indignarnos, porque son seres humanos que están siendo discriminados y excluidos a razón de su orientación sexual.

José es licenciado en trabajo social y Damián aún estudia, les ha costado aceptar que su amor debe ser así, siempre a escondidas. “No pretendemos que la sociedad nos ame, pero creo firmemente que, si pudiéramos elegir, elegiríamos no ser discriminados porque somos seres humanos”.

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