Amarse no es un acto superficial ni una moda de temporada. Es una decisión diaria que define la forma en que nos relacionamos con nosotros
mismos y con los demás.
En el mes del amor y la amistad, se suele enfatizar el afecto hacia los demás, dejando de lado la relación más constante y determinante para el bienestar emocional: la relación con uno mismo. Desde la psicología, el amor propio se entiende como una forma de respeto, cuidado emocional y reconocimiento del propio valor, especialmente en momentos de dificultad.
La calidad de nuestros vínculos comienza en el modo en que nos tratamos internamente. Cuidarnos es el primer gesto de responsabilidad afectiva.
Amarse con dignidad no implica egoísmo, sino la capacidad de establecer límites sanos, elegir vínculos que aporten bienestar y asumir responsabilidad afectiva. Cuando fortalecemos nuestra valía interna, es posible construir relaciones más equilibradas, basadas en el respeto, la comunicación y el crecimiento mutuo. El amor propio, así, se convierte en el punto de partida para vínculos sanos, conscientes y significativos.
Por: Psi. Cl. Eva Iñiguez y Lcda. Estefanía Calva
