Ecuador necesita hoy más que nunca un presidente presente, no uno ausente.

La figura del jefe de Estado parece moverse entre viajes, permisos y agendas internacionales, mientras que la presencia presidencial se

diluye en una narrativa dispersa donde los mensajes directos a la ciudadanía son escasos. Todo esto ocurre en un contexto marcado por la inseguridad, la crisis social y la desconfianza institucional presentes en la cotidianidad de los ecuatorianos.

En este escenario, la audiencia ciudadana parece pasar desapercibida frente a las tendencias narrativas del momento en las redes sociales. El boom de la semana lo protagonizaron los llamados narcoinfluencers, discursos que se vuelven más interesantes para la audiencia y que, quizá, terminan marcando la agenda pública para desviar la atención y hacer olvidar lo que realmente sucede en el país, cuando, al final de cuentas, la realidad resulta mucho más preocupante.

Ecuador necesita un presidente que esté presente, que se dirija a los ecuatorianos con claridad, que sostenga su imagen en el territorio y no únicamente en escenarios internacionales. Gobernar implica escuchar, explicar, asumir responsabilidades y construir liderazgo y confianza con los mandantes.

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