A quién dijo que las damas son el sexo débil, será porque no conoció a Michelle Alejandra Ramírez Maldonado, una aguerrida deportista que ni el atropellamiento de un bus le quitó sus sueños.
Cuando tenía 3 años de edad, mientras esperaba a su madre que llegaba, en el barrio Obrapía, al occidente de Loja, al verla que llegaba en el bus cruzó la calle siendo atropellada por dicho vehículo.
Producto de ese percance Michelle Alejandra quedó con una discapacidad auditiva que también le limita poder hablar en un alto porcentaje.
El deporte fue su don
No obstante, la vida de Michelle Alejandra siguió. Los estudios los hizo en el Centro de Audición y Lenguaje (CEAL) desde los 4 años, luego pasó a la escuela Filomena Mora donde culminó la primaria.
Se educó un año en la escuela municipal Ecológica, noveno y décimo año en el plantel Reinaldo Espinosa, mientras que el bachillerato lo concluyó en el colegio 27 de Febrero, el año pasado.
Durante su trajinar académico Michelle fue ganando protagonismo por su desempeño deportivo en varias disciplinas como el atletismo y sorprendentemente en el fútbol.
En su familia coinciden en que si bien perdió el don de hablar y escuchar, apareció el don deportivo, ya que nadie de sus allegados practica deporte, pero ella es indomable en lo que se propone.
Michelle tiene como pasatiempo ver fútbol, preferencialmente cuando juega el equipo de sus amores: Liga de Quito. Para ella, de ser posible le gustaría practicar el rey de los deportes los siete días de la semana.
Ha vestido los colores de los planteles donde se educó, de la selección de Loja con el equipo de deportistas con discapacidad y también es la número 10 del club Ciudad de Loja.
Su entrenador Eduardo Tene, comenta que Michelle fácilmente puede jugar de defensa, mediocampista, delantero, pues su talento es innato. Aunque no puede escuchar, su don consiste en darse cuenta cuando debe parar una jugada y obedecer las disposiciones tácticas en la cancha.
Ya en casa, Michelle es la última de siente hermanos, no le gusta que le hagan señas para darle indicaciones, sino que le hablen porque sabe leer los labios.
Ella tiene 23 años. Sus padres son Fulvio Ramírez, del cantón Chaguarpamba; y, Rosa Maldonado, de Alamor. La aspiración a futuro es convertirse en árbitro de fútbol y su familia está dispuesta a ayudarla para que siga la carrera de Cultura Física, pues sus múltiples trofeos, medallas y reconocimientos recibidos dan fe de que Michelle es un talento en potencia.
