Por: Katherine Mora Romero
Sentado, leyendo el periódico con mucha concentración, fue como lo encontramos en su taller a don Telmo Arturo Álvarez Vivanco, de 88 años de edad, peluquero histórico de Loja, amante de la lectura, política, de jugar y ver el fútbol, y de ser hincha de la Liga de Loja (aunque su basurero tenga un sticker de Barcelona, indica que lo ha pegado para identificar su bote).
Los años no pasan en vano, en su mirada y en su andar se denota el transcurrir de una vida de trabajo, esfuerzo y lucha por mantener un hogar y ofrecer una educación a sus hijas adoptivas. Pues, con su compañera de vida, no pudo concebir hijos, tras dos embarazos malogrados decidieron complementar su amor con dos niñas, a quienes quisieron sin condiciones. Ahora es gustoso de tener cuatro nietos y un bisnieto.

Telmo Arturo Álvarez
Expresándose con una sonrisa ‘pícara’ recapitula que su esposa fue cinco años mayor a él, don Telmo se casó de 27 años por lo civil, y dos años después por la Iglesia, siendo este un matrimonio inesperado. Cuando su esposa estaba internada -en aquel entonces- en el hospital San Juan de Dios por las complicaciones de su segundo parto, decidieron casarse; la ceremonia estuvo a cargo de la madre superiora, amiga de la pareja. Fue un día inolvidable, claramente recuerda un mantel, dos anillos prestados por las enfermeras, una vela, flores blancas y la sonrisa de su único e imborrable amor. Ya son 12 años que ella ya no está a su lado, cada día la extraña más, “hay vacíos que ya no se llenan”, detalla.
En cuanto al inicio de su preparación en el arte de la peluquería, con nostalgia recuerda que en 1945 salió de la escuela de los hermanos cristianos José Antonio Eguiguren “La Salle”, en el mismo año empezó a laborar, su papá decía que el trabajo era lo principal, él estudiará cuando trabaje y gane su dinero. Es el segundo de siete hermanos, tras el fallecimiento de su progenitor y el arduo esfuerzo de su mamá, algunos de sus hermanos menores tuvieron la oportunidad de estudiar. Es así que don Telmo, a sus quince años, se convirtió en alumno de la peluquería del maestro Leopoldo Torres Ortega, de nuestra ciudad y se especializó en el corte de cabello masculino. Nadie más de su familia es peluquero, sin embargo, a través del tiempo, este arte se convirtió en su eterna pasión.

Observando a su alrededor y con una memoria lúcida, rememora que desde el 3 de julio de 1958 su taller funciona en las calles Sucre y Quito, esquina. Peluquería “Royal” es el nombre de su gabinete, el cuál actualmente no tiene identificativo, no lo distingue un letrero “luminoso” expresa, porque la gente ya lo conoce, antes sí tuvo, pero se cayó y no lo ha vuelto a poner.
Con su mirada señala los títulos y reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su formación profesional, los cuales forman parte de la decoración de su taller. Es maestro en el arte de la peluquería, perteneció al régimen artesanal del seguro social y al gremio de artesanos de Loja. El 21 de mayo de 2008, el Ministro de Trabajo, condecoró a don Telmo por trabajar en beneficio de la comunidad, evento que al evocarlo, refleja con una sonrisa la satisfacción del deber cumplido.
Ingresar a su taller, es como viajar en una máquina del tiempo. Se contempla un sillón muy rústico, al cual lo adquirió desde Guayaquil, 2000 sucres le costó, comenta. Obtuvo sus herramientas poco a poco, la mesa es un detalle que trae a su mente muchos recuerdos, una tetera con agua hirviendo para ‘hacer la barba’, lavabo, un radio inmemorial, vitrinas, peinillas, colonias, un estante de libros (los ha leído a toditos), un cuadro del general Eloy Alfaro, CDs del feriado bancario, muerte de Jaime Roldós Aguilera, pasillos, bailables; y el teléfono antiguo al que sus clientes lo llaman para reservar un turno. Pues, cuatro décadas ha cortado el cabello, la ética profesional de trabajar cuando el cliente lo necesita, es una de las cualidades de don Telmo.
Entre 1970 y 1980 laboró como peluquero en la brigada de infantería de Loja. A lo largo de los más de 60 años de servicio, muchas personas han pasado por sus hábiles manos. Sus clientes eran los hermanos maristas y franciscanos; Santiago Fernández García fue uno de ellos, un personaje muy conocido en la ciudad, fundador del Instituto Técnico Superior “Daniel Álvarez Burneo”, y Ticiano Cagigal García, fundador de la Universidad Técnica Particular de Loja, fundador de la Modalidad a Distancia, Director y Vicepresidente del Banco de Loja.

En cuanto al oficio de la peluquería en la actualidad, Don Telmo ha tenido que acoplarse, pasó de usar herramientas manuales a usar herramientas eléctricas, sin embargo, eso no ha representado problema alguno. Alude que el exceso de peluquerías ‘modernas’ no afecta su negocio, sus clientes son gente adulta, caballeros que guardan esa elegancia histórica.
Actualmente, él es uno de los seis peluqueros que existieron desde la época de 1950, los demás ya han fallecido. Don Telmo atiende en su taller de lunes a sábado de 07h00 a 19h00 y cobra $3.00 por corte de cabello. Sus vecinos le guardan un cariño muy especial, todos los días lo saludan.
Sin duda, es un ejemplo de perseverancia, de pasión por lo que se hace y de amor por servir a una ciudad que lo ha cobijado ochenta y ocho años… “Aquí nací, aquí voy a morir”.
