Talabartería, una tarea que encierra tradición y encanto

Redacción: Isabel Lages.

Por los años 80 y 90, en Cariamanga era algo frecuente encontrase a ciudadanos recorrer las calles a caballo, provenientes de distintas comunidades cercanas, siendo ese su medio de transporte se impulsaba de paso el trabajo de talabartería, un oficio que a medida que pasa el tiempo se desvanece por la falta de interés de las generaciones subsiguientes.

En Cariamanga, son pocos quienes se dedican a esta tarea, es el caso de don David Jaramillo, quien lleva 55 años en el oficio de talabartero. El cuero, las binchas y montura han sido sus confidentes, ya que mientras elaboraba una montura o quizás una guarnición, aprovechaba el tiempo para conversar con quienes lo visitan en su trabajo.

Convencido de que la mente se distrae, pero las manos continúan laborando, cumplía con el tiempo pactado para la entrega, “cuando empecé a trabajar fui operario, no tenía taller, con una familia Condolo trabajé cerca de 38 años, primero en las Cinco Esquinas y luego en La Fragua”, explica don David.

El arte del talabartero requiere de dedicación, es lo que menciona, pero a pesar del tiempo y el cansancio propio de sus años le apasiona, ahora desde el negocio de don Nativo Villalta, sigue haciendo lo que le gusta.

Le toma cerca de 15 días la elaboración de una montura con todos los detalles para “vestir a una acémila”, aunque el ingreso no es muy significativo, el solo hablar de su labor le llena de emoción.

Don David tiene dos hijos, pero ellos no comparten su gusto por la talabartería, a sus 82 años con un poquito de nostalgia recomienda que se rescaten estas labores manuales.

Dice sentirse emocionado cuando en Cariamanga se dan las famosas cabalgatas, porque ahí se expone la dedicación del talabartero, conjugado con la alegría de los amantes de esta práctica que convierte al caballo en un verdadero exponente del arte no solo por su trote y galope, sino también por sus atuendos.

Es importante mencionar que ahora la gente se enrumba más por lo rentable porque hay hogares que mantener, hijos a quienes dar estudios, pero siempre queda el recuerdo de vivencias que han llegado de la mano con el negocio, y el dulce sabor de una tradición.

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