La viralidad de Dominique pasó a la boca de todos: en tiktok ya la rompió hace rato, tanto que los estrategas de la política lo ficharon para ser candidato a Asambleísta; después de todo un «mérito» es el número de seguidores que te manejas.
Al finalizar la elección, con bombos y platillos ocupó los titulares como «El Asambleísta MÁS JOVEN» con sus apenas 19 añitos. Esto con jubilo para los amantes del «progreso» bogantes de que las juventudes y otros grupos minoritarios participen en la política y decidan el futuro de las mayorías.
Hasta allí «todo bien», pero cuando las papas empezaron a quemar, el «elegido» brillo por valerle un comino las cosas serias y hacer un dibujito en su cuaderno. Y como en todo lado no esta «tu abuela», su propia compañera de bancada Valentina Centeno pidió que se inicie el proceso que corresponda en aras de preservar el decoro parlamentario.
Pero el dibujito no se quedo en garabato, fue la caratula de un problema más fuerte en la Asamblea Nacional. La joven promesa, para poder dibujar libremente en sus tiempos de letargo cognitivo debía estar rodeado de un ambiente familiar, así su hermano, su madre, su tía también están en la Asamblea Nacional en diferentes roles con diferentes orígenes. Coincidencia o no, se ha generado el debate sobre el comportamiento de los políticos.
Pero esto no es nuevo, en 2014 una gloria del deporte ecuatoriano llevado a la palestra política fue objeto de polémica por un trastabillado discurso en el pleno de la Asamblea. El escándalo se solventó apelando a la victimización, pues el mencionado es «afroecuatoriano» y además no tenía preparación alguna para los efectos de ser asambleísta.
Finalmente, «más culpa tienen los vagos que le hacen caso» como dice Michelena.
