Cuando terminé de leer el post que incluía la frase, así en comillas: “La universidad debe estar cerca de la industria, para que saquen los
profesionales que las empresas necesitan”; debo admitir que guardé silencio. Me identifiqué de inmediato y pensé cuánta razón tiene Ramiro Garzón, gerente general de Navacero. La frase lo resume todo: la formación académica y la experiencia profesional deben caminar juntas, más aún en un mercado laboral cambiante, exigente y competitivo. Hoy ya no basta con obtener un título universitario; este se ha convertido en un punto de partida, pero no en una garantía. Las empresas buscan profesionales que comprendan el entorno real, que sepan adaptarse y que tengan experiencia, aunque sea inicial. El problema es evidente: muchas veces la formación académica avanza a un ritmo distinto al de la industria. Debemos comprender que la tecnología transforma procesos y la inteligencia artificial redefine el perfil profesional. Esta brecha genera riesgos, que las universidades formen profesionales que, al graduarse, no estén completamente alineados con lo que el mercado demanda. Al comenzar el escrito, decía que me sentía identificada con tal frase, pues lo decía como experiencia; tuve la oportunidad de insertarme en la industria mediante una pasantía, lo que me permitió entender que el aprendizaje va más allá de la teoría, algo que siempre he tenido claro, pero que confirmé al vivirlo directamente. Estar dentro de una compañía me ayudó a observar cómo se desarrollan los procesos, cómo se organiza el trabajo y cómo cada función contribuye al funcionamiento general de la organización. Además, comprendí habilidades como la iniciativa, trabajo en equipo y la capacidad de adaptación, ya que las grandes industrias conllevan retos no solo profesionales, sino también personales. Todo ello permite construir una visión más clara del futuro profesional. El acercamiento entre la academia y la industria genera beneficios para todos, siendo este un proceso que, aunque no es fácil, resulta necesario. En este marco, las universidades pueden conocer las necesidades actuales del mercado y contribuir a la formación de nuevos profesionales, mientras que la industria tiene la oportunidad de identificar talento joven y formarlo en relación a sus propias demandas. Esto crea una oportunidad de crecimiento compartido, donde el conocimiento académico y la experiencia práctica se complementan. Finalmente, considero que es fundamental fortalecer estos vínculos. Cuando los estudiantes tienen la oportunidad de involucrarse en entornos reales, su aprendizaje se vuelve más completo y su visión profesional se amplía. La relación entre la universidad y la industria es trascendental, porque permite formar profesionales preparados, conscientes y capaces de responder a los desafíos y exigencias del mercado laboral.
