Elaborado por María Abrigo
Desde Loja, una tierra de montañas, viento templado y corazones valientes, emerge la figura de Aquiles Salinas Ochoa, un deportista cuya vocación no se forjó en las pistas ni en los podios, sino en la intimidad del alma. Correr, pedalear, desafiar montañas —para él— no es solo cuestión de disciplina física, sino una poderosa terapia emocional frente a la soledad, una ofrenda silenciosa de amor a sus hijas y un compromiso firme con su bienestar integral.
Hace apenas tres años, este lojeño decidió calzarse las zapatillas con un objetivo más profundo que ganar una medalla: encontrar consuelo, sentido y dirección. Lo que empezó como una necesidad emocional, pronto se convirtió en una pasión que transformó su vida. Hoy, Aquiles no solo es un atleta comprometido, sino también un ejemplo de superación constante y amor resiliente.
Su hoja de vida deportiva habla por sí sola:
1er lugar general en la exigente 63K Loja-Zamora (2025),
2do lugar general en la 5K Halloween Run (2022),
2do lugar Máster B en la 7K Loja Running Club (2023),
3er lugar Máster B en la 24K Churonita Trail (2024),
4to lugar categoría 45-50 años en la 42K Manta Maratón (2023),
️ 5to lugar general en la exigente 60K Ultramaratón del Guayas (2023), entre otros logros que consolidan su presencia en el trail y el fondo ecuatoriano.
La rutina del compromiso
Su jornada empieza antes de que amanezca. Dos horas de entrenamiento diario que combinan trote, bicicleta, y desde hace poco, una hora intensa de gimnasio. Su preparación se divide meticulosamente en tres fases: pretemporada, temporada y postcarrera. Todo comienza con un calentamiento pasivo, seguido de uno activo y 2 kilómetros de trote relajado. Luego se alternan ritmos y velocidades a lo largo de la semana, mientras que los fines de semana se reserva para el tradicional “fondito atlético”, una sesión de resistencia de al menos 25 kilómetros.
Pero Aquiles no entrena solo con el cuerpo, también con el alma. Después de sus entrenos, enfrenta con la misma entrega sus actividades domésticas y laborales, equilibrando la vida deportiva con el resto de sus responsabilidades cotidianas.
Un corazón impulsado por el amor

En cada zancada, hay un nombre. En cada meta cruzada, un recuerdo. Aquiles reconoce que su motor son los afectos. “Mis recordados padres Ángel Vidal Salinas y Luisa Ochoa, mis hijas, mi hermana Karina y mi amada novia Alice Carriel”, dice con emoción. Ellos han sido su sostén, su impulso, sus testigos silenciosos en cada subida empinada y en cada madrugada fría.
Mirando hacia la meta
El futuro lo encuentra con los tenis bien amarrados y la mirada fija en el horizonte. Sueña con representar a Loja y al Ecuador en ultra-maratones y desafíos extremos, en rutas inhóspitas dentro y fuera del país. No corre por fama, corre por propósito. No busca medallas, busca crecimiento.
Aquiles Salinas Ochoa es la prueba viva de que el deporte puede sanar, transformar y guiar. Un hombre que corre con el corazón, pedalea con el alma y jamás deja de avanzar. Porque cuando uno corre por amor, la meta es solo el comienzo.

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