¿Y PARA QUÉ VIENE?

Que creía, que sigue siendo el rey; acaso pensaba que puede seguir disponiendo como el gran capataz que aprendió a ser; parece que aún está convencido que tiene patente de corso para manipular a su antojo desde el gobierno. Como si nada pasara, llega en tono amenazante (ahora sin teleprompter) a vociferar: que “viene a recuperar su patria”; sin embargo, sus ex idolatradores, lo bajan de la nube al no salir a encontrarlo, y se tropieza con la grata sorpresa de haber perdido el bastón de mando. Ahora tal vez entiende, la ficción del poder eterno, que le crearon sus aduladores.

 

Que viene a recuperar la patria en diez días dice. Viene porque lo convencieron sus compinches, que está a punto de desmembrarse la banda y que pronto caerán todos sus secuaces; saben muy bien que el rato que ya no puedan tapar las fechorías de su secta todos caerán. Viene por el miedo de que hable Glas y pretende defenderlo presionando mediáticamente, para convencerlo que debe sacrificarse por la “revolución”, que debe guardar silencio y llevarse a la tumba como era la repartición. Pues tras bastidores su compinche, seguramente le dijo: si no me defiendes, te delato.

 

Viene para presionar a los jueces de la corte constitucional, particularmente a sus súbditos, los que hicieron pasantías en el palacio presidencial, delegándoles que traben la consulta popular, especialmente lo relacionado a la reelección indefinida y al consejo de participación ciudadana, que tiene entre sus fines desmontar el correato que se encuentra empotrado en la institucionalidad del Estado. También viene dizque para recuperar su partido político, intentando armar una convención, pero en su corta estadía se va sorprendiendo, y entiende que su poderío, no era más que el ilusionismo creado por todo gobernante cuando es utilizado por sus adláteres.

 

En el fondo, hasta su inesperado regreso nos deja grandes enseñanzas. Si los dignatarios gobernaran con humildad y respeto al pueblo que los mantiene, no verían caer su decencia de manera tan estrepitosa; si los líderes dirigieran a su gente con dignidad, no abusarían del poder. Si no se creyeran superiores, no tendrían que enfrentar la metáfora popular tarareada en una canción, que no hace sino decir una gran verdad: “Ya se cayó el arbolito donde dormía el pavo real, ahora dormirá en el suelo, ahora dormirá en el suelo, como cualquier animal”.

pavevaldivieso@hotmail.com