¿Y LA OPORTUNIDAD DE LOS JÓVENES?

Los jóvenes que buscan continuar sus estudios, luego de terminar el colegio se estrellan con un gran paredón; la mayoría no puede ingresar a profesionalizarse en la universidad, y solo algunos alcanzan a entrar en institutos tecnológicos privados si sus padres cuentan con recursos; el resto, se deben resignar a una larga espera para tener otra oportunidad y postular a una nueva evaluación de ingreso. Lo más lamentable de todo, es que quienes han terminado la universidad, también enfrentan nuevas barreras y deciden marcharse a otra ciudad.

Sin pretender romper el Estado, ni intentar caer en falsos localismos, revisemos por ejemplo: cuántos ingenieros eléctricos de otra ciudad manejan nuestras entidades técnicas; cuántos contratistas foráneos vienen, hacen la obra, ganan y se llevan la plata a otro lugar; cuántos extranjeros prestan servicios por delegación y buscan maneras de enviar sus remesas a sus países de origen. Qué nos pasa, no reaccionamos, nos importa sólo nuestro bienestar, ¿y el de los demás? Terminamos tan deshumanizados, que no nos percatamos que el futuro reciente, pronto nos pasará factura, con precios demasiado altos que pagar, viendo a nuestra gente marcharse, debido a que, habiendo trabajo, preferimos contratar a los de afuera.

Al parecer las cosas se salieron de control, el problema es muy grave, pronto seremos una ciudad fantasma o mínimo seguiremos siendo una sociedad de consumo, mientras nuestros jóvenes fortalecen y ayudan a desarrollar otras latitudes. Pero cabe reflexionar, no podemos tener como patrón de comportamiento: no hacer nada o que nos gobiernen sin hacer nada; hay que saltar los prejuicios políticos, debemos utilizar la herramienta más poderosa que tenemos los lojanos: la decencia, y empoderarnos de un desarrollo, que valore el destino de nuestros hijos.

Las cosas serían distintas si le apuntáramos a la educación de nuestros jóvenes, basada en proyecciones productivas, emprendimientos modernos, creando oportunidades de trabajo, para que se queden y engrandezcan nuestra sociedad. Realmente estamos dispuestos a provocar ese cambio; nada correcto en el mundo se ha logrado sin una lucha social, y no hay lucha sin los cambios provocados por la gente decente de una noble ciudad. Vale hacer hincapié: solo la educación nos hará libres pensadores, prósperos ciudadanos y grandes Seres Humanos.