Testigos de Jehová: Predicar la palabra de Dios ¿un reto en Loja?

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Para muchos resulta molesto el hecho de querer llegar con un mensaje hacia otra persona y que su primera reacción sea: o que te cierren la puerta en la cara, no te atiendan o, simplemente, si lo hacen, lo hagan con la peor actitud que se puede esperar de un ser humano consciente y racional; pero, para los testigos de Jehová esta situación es de su diario vivir en el camino predicando la palabra de Dios.

Hoy los invitamos a que nos acompañen en nuestro recorrido junto a dos jóvenes que recorren a diario las calles de Loja, Ecuador y el mundo cumpliendo con lo que las ‘Sagradas Escrituras’ determinan realizar para los hijos de Dios.

Por respeto a ellos, no utilizaremos sus nombres reales, pese a que ellos no se molestaron por si los ubicábamos o no en nuestra historia; los llamaremos Mateo Y Santiago. Mateo es un joven profesional graduado en Derecho y, Santiago, odontólogo.

Los dos dejan de lado por un tiempo su profesión y asisten al llamado de predicar el evangelio. Su vestimenta es impecable, su pantalón oscuro, camisa blanca y corbata, se mantienen con una pulcritud de disciplina militarizada para cumplir su labor; sus gestos son amables y con una sonrisa, aceptan que los acompañemos por un momento en su labor cotidiana.

Mateo es de Nicaragua y Santiago de Utah, Estados Unidos, jóvenes que en Ecuador sólo cumplen con llevar el mensaje de la biblia a cuantas personas puedan, aunque no siempre sean bien recibidos con su labor.

Los encontramos por el Sur de la ciudad, caminando y con una sonrisa que refleja ánimo y pasión por lo que realizan, sumando a aquella sonrisa el saludo para todas las personas a quienes encuentran en el camino, algunas responden, otras lo toman como un atrevimiento de su parte, al menos eso es lo que nosotros apreciamos en algunos lojanos.

Mientras caminamos, dialogamos un poco, les contamos de Primer Reporte y nuestro trabajo para aportar con un granito de arena en el cambio de la comunicación en Loja y el país; ellos, nos platican de su compromiso por cambiar al mundo a través de la palabra de Dios. Coincidimos en algo, juntos queremos cambiar al mundo y somos conscientes de que si queremos lograrlo debemos empezar nosotros mismos.

Por suerte, el día nos acompaña con un clima agradable para la caminata que a Mateo y Santiago les tocaría realizar con sol, lluvia, viento o como lo antojadizo del clima lojano los reciba. No hay sol, el viento sopla desde el Este, pero al parecer en pocas horas la lluvia se hará presente para besar los rincones de la urbe. A pocos metros, nuestros los jóvenes continúan en su labor.

Portan un bolso en el cual llevan el material con que se apoyan para explicar su mensaje a las personas, los folletos, dípticos  y demás documentos que poseen son entregados a quienes de buena manera o no, los reciben.

En la primera puerta a la que tocamos, no tenemos respuesta inmediata, observamos desde la calle que a lo interno de la vivienda las cortinas se mueven levemente y alguien apenas asoma para ver de qué se trata; la puerta se abre y una dama de unos 57 años aproximadamente se acerca un tanto molesta, Mateo se anticipa y con un caluroso saludo, rompe la barrera que traía consigo la anfitriona.

Se muestran seguros, no entraremos en los detalles del diálogo, sólo les contaremos que el quemeimportismo de la señora, se resumió en un “no puedo atenderles, tengo bastante que hacer en la casa y no tengo tiempo; además yo creo en la Virgen”, tanto Mateo como Santiago, muestran una sonrisa, desean bendiciones y continúan. Ya están acostumbrados a esta respuesta.

Siguiente puerta, una nueva historia, quien sabe qué tipo de persona será la que atienda al llamado. Esa sensación extraña para nosotros de que los demás nos vean como un bicho raro que genera el repudio inmediato de la gente, es algo extraño; lo que no entendemos es el porqué de tal reacción: ¿por qué la gente es así?

Hay un dicho popular de que “la ignorancia es atrevida”, suena fuerte, pero si lo analizamos no es ningún tipo de insulto, lo que sí resulta ser es una realidad. Nuevo llamado, nueva espera y una nueva reacción, en la siguiente visita el caballero que salió ni siquiera dejó saludar a los jóvenes y lo único que mencionó fue: “tengan la bondad, aquí creemos en Dios y no en el Jehová que ustedes creen”. ¿Ahora entienden lo de que la ignorancia es atrevida?

Así recorrimos tres barrios sureños, por sus principales calles. No precisamos lugares, lo único que señalamos es que de todas las visitas, fueron pocas las personas que mostrando educación, les concedieron tiempo y atención para que Mateo y Santiago puedan llegar con su mensaje.

La vida de misionero es complicada, resulta difícil querer llegar a personas que te ven con indiferencia, otras que se arrepienten de haberte atendido y, otras, que pareciera que te ponen atención pero no lo hacen. No queremos hablar de religión, tenemos nuestra creencia, pero sí llamamos al respeto de toda doctrina y de las personas que la profesan.

Compartir una experiencia desde el punto de vista de los testigos de Jehová, nos enseña que pese a aptitud de los demás para con lo que realizas, no puedes darte por vencido con la primera palabra que trate de desalentarte.

Un detalle que pudimos apreciar en nuestro recorrido, es que el paso de los jóvenes nunca disminuyó en su intensidad, continuaron siempre con el mismo ritmo y la misma pasión con la que cada día cumplen con su misión en un país ajeno al que no saben si tal vez algún día regresarán, pero de lo que sí están seguros es de dejar una huella en su trabajo de predicar la palabra del Todopoderoso.

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