¿SE SIGUE DESARMANDO LA CLOACA?

Los últimos acontecimientos ocurridos en el país, sobrepasan los límites de tolerancia moral; pero en el fondo, lo que más nos debería preocupar, es que no pasamos del rumor, del chisme, de la crítica superficial. Al parecer la mayoría del pueblo sigue asustado, temeroso y sin reacción, ve tan normal que la clase política gubernativa se desenvuelva entre los más altos niveles de corrupción, chantajes y saqueos; olvidando un caso detestable, tan pronto le muestran otro más repugnante, sin entender que, todos estos hechos son parte de un clan macabro armado para delinquir.

El presidente debe entender que el cartel revolucionario en el Ecuador ha desbordado los límites del descaro y que realmente los responsables todavía están sueltos y no pasa nada; que no debe hundirse con esa cloaca, que debe salir de esa alcantarilla a tiempo, efectivizando la cirugía mayor a la corrupción que ofreció. No puede darse el lujo de quedarse mirando que la gente pierde la confianza en su gobierno, tiene que reaccionar; quitarles el respaldo y no protegerlos directa ni indirectamente a todos los encubiertos del correato, a menos que sea parte de lo pactado, y sigan con el mismo plan cambiando tan solo silenciosamente de estrategia.

Si por información internacional, esta putrefacta corrupción ya vio caer a algunos de sus ejecutores, de manera inocultable otros pronto seguirán. Varios están presos, aunque no sentenciados con las penas que merecían: Glas, Capaya, Bravo; ya tienen dictada en su contra orden de prisión y se encuentran prófugos: Polit, Delgado; claro, también como por arte de magia están escondidos: Chiriboga, Pierina, Hernández; pero faltan los adláteres principales del correato: Patiño, Mera, Alvarado, Aguiñaga, Rivadeneira, Cordero, Baca, Soliz, Carrión; aunque van desplomándose varios esbirros: Ochoa, Espinosa y Serrano. Faltando el dueño de la corona.

 

Parecería que se están comiendo entre ellos, o que empezaron a traicionarse; lo cierto es que, son tantos los actos de corrupción cruzados en que se involucraron que no pueden ocultarlos; quién puede ahora atreverse a pensar que de todos estos antros Correa desconocía. Fueron tantos los de la banda y tan grandes los saqueos que realmente no podríamos llenar las cárceles, aún si la justicia en el Ecuador existiera; pero, basta ver como ahora viven, para medir el caudal de lo que se llevaron.

 

 

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