¡No son delincuentes! ¡Son magos!

Hemos llegado a una descomposición social tan grave, que, para encubrir fechorías evidentes, manipulan: términos, expresiones y tipos delictivos, haciéndolos beneficiarios de delitos menores. Si los servidores públicos abusan, se apropian, distraen o disponen de dineros públicos, comenten peculado, sancionado con pena de hasta trece años. Tal parece que, aun sabiendo que lo cometían, encargaron el mal manejo, para esquivar responsabilidades. Dicen que enriquecimiento ilícito no hay, que siguen siendo pobres, pretendiendo engañarnos con sus cuentas nacionales; pues, lo que cogieron está a buen recaudo en paraísos fiscales. El cohecho, la concusión, nunca lo hicieron directamente, también lo delegaron, y pocos están presos, acordando la “cooperación eficaz” que reducirá sus penas.

Para cubrirse, se adueñaron de la contraloría, pero por las dudas, tenían que quitarle ciertas facultades, dejando, además, en manos del aleado contralor, la suscripción del informe vinculante. Sin embargo, si se filtran los actos de corrupción, como ha sucedido, les queda otra carta: el poder real de la asamblea, el CAL, que, con argucias, logra esconder los juicios políticos por “falta de prueba”, culpando paralelamente al pasado y así distraer. Si todo sigue fregado y casi sin salida, tienen la corte constitucional, para proteger sus fechorías, ejerciendo el control concentrado.

Olvidaron que el poder es efímero, que incluso a quienes encargaron las instituciones para encubrirlos, por temor, decencia o cargo de conciencia, deshojarán los atracos más detestables cometidos en nombre del Estado. Olvidaron: que puede haber jueces con conciencia, difíciles de manejar; que el tiempo es inclaudicable; y, que el pueblo hastiado de tanta corrupción los recordará, como los más corruptos de todos los tiempos.

Respeto a los seguidores que creyeron en ese proyecto y que en realidad tienen las manos limpias; a los simulados y cómplices saben que son corresponsables de todo el atraco. Sin embargo, todavía se puede recuperar el Ecuador, lo primero es recobrar la confianza, dotarle a la sociedad de seguridad jurídica, tutelar los derechos de los ciudadanos; pero paralelamente, debe auditarse los grandes negociados: petroleros, mineros, energéticos, viales. No hacerlo, simplemente es seguirlo encubriendo, sin poder liberarse de las pesadillas, ya que pronto les llegará la hora, porque: DIOS perdona, el tiempo no.

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