Manipular muertos para guardar sus cenizas

En Loja, desde hace aproximadamente veinte años, se practica la cremación de cuerpos humanos. Les contamos cómo se realiza este “tétrico” trabajo de manipular muertos para guardar sus cenizas.

Desde hace cuatro meses, Funeraria Jaramillo viene brindando a la ciudadanía un nuevo servicio de honras fúnebres para que los lojanos puedan conservar, de una manera diferente, los restos mortales de sus familiares fallecidos.

Edwin Hurtado, administrador del Campo Santo Jardines del Zamora, indica que por la característica la cultura lojana, esto era un tabú, un tema no adecuado, por la idea del tradicional entierro para despedir a un familiar. Hoy por hoy, la misma iglesia católica, según señala, ha dado la apertura y ha aceptado ampliamente la cremación.

Para realizar el proceso, a decir de Edwin Hurtado, una cualidad de la empresa, es dar hasta el último momento dignidad al ser humano. ”La cremación en el concepto básico es la descomposición acelerada del cuerpo humano, lo que en una tumba demora veinte y treinta años demora en descomponerse el cuerpo de un fallecido, realmente el horno de cremación lo hace a través de la incineración en dos horas y media aproximadamente”, indica.

Quienes realizan esta labor, Édgar Quituizaca y Pablo Paladines, fueron capacitados una semana. Según Pablo, en los cuatro meses de su trabajo ha experimentado cosas que no asimilaba en él, trabaja en la empresa alrededor de trece años y vive su labor basado en el respeto a la persona a quien va a cremar y a sus familiares.

”Uno tiene sensaciones muy separadas a lo que uno piensa” añade, pero aduce que es algo que tocará vivir y mira la cremación como algo positivo para no ser olvidado por los familiares en el cementerio, ya que piensa que las cenizas se las puede conservar con mayor facilidad.

Cuando se les indica de una cremación, se preparan para cumplir con el protocolo de cremación, preparan el crematorio se recibe el cuerpo, se prepara el mismo, se hace pasar a los familiares para la despedida e ingresan el cuerpo al crematorio, se equipan, realizan una oración y se procede a cremar el cuerpo para luego coordinar con la familia la entrega de las cenizas.

Édgar, nos cuenta que cuando arriba un cadáver, es un momento sentimental para él, de ver a esa persona y por no tener la costumbre de ver un fallecido, pero ahora la costumbre le ha enseñado a tener mucho más respeto para con aquella persona y sus familiares.

”Se comienza uno a poner el equipo, a prepararnos para la cremación con todo el equipo de protección: un traje especial, guantes, mascarilla, gorro, gafas, mascarilla de carbón para evitar cualquier contacto”, indica.

Pablo nos cuenta que preparan el horno crematorio treinta minutos antes para que se caliente y poder así ingresar el cuerpo, dejan lista la camilla, el elevador y demás herramientas que necesitan.

Lo que pasa por su cabeza al momento de cumplir con su trabajo, es el respeto. Para Édgar es vivir el proceso como si fuese uno de sus familiares, o que en algún momento le va a tocar pasar por esa situación, por lo que el respeto es la base para cumplir con su labor.

El ingresar el cuerpo al horno no toma mucho tiempo, se cierra la puerta del horno y cumplen luego con quitarse el equipo, realizarse un aseso y dirigirse después de dejar todo a punto a realizar otras actividades, ya que no están todo el tiempo ahí.

El cuerpo luego de ser incinerado, esperan un tiempo para que se enfríen los restos, se coloca en un recipiente para pasar un imán que recoge los metales, luego se pasa al triturador donde ya salen las cenizas y se deposita en una bolsa de tela para ubicarlas en un cofre de madera para entregar a los familiares.

Pablo nos cuenta que las cenizas no salen del horno totalmente listas, ya que los huesos son duros y no se calcinan a totalidad, se hace suave pero no ceniza, por eso el triturador termina de cumplir con el proceso.

Pablo es casado, tiene dos hijos, menciona que el trabajo lo vive diferente. Su esposa lo llama corazón de piedra, pero él nos cuenta que nos es así, dice que ha asimilado el dolor de las personas y la pérdida de familiares lo hacen ver que la muerte es parte de la vida y que nos tocará vivir eso. Sentimentalmente le afecta pero todo lo hace con mucho respeto y le gusta lo que hace siempre con ese respeto para todas las personas.

Los dos trabajadores coinciden en que este trabajo no lo puede hacer cualquiera, debe nacer y gustar el servicio a las otras personas. En la cremación se integraron porque quieren vivir y experimentar lo que en un futuro desean para ellos con el mismo trato y respeto que ellos lo hacen cada día.

Según los que las mismas escrituras bíblicas rezan: ”de polvo eres y en polvo te convertirás”, la cremación obtiene las cenizas del cuerpo para que sus familiares puedan conservarlas en el lugar que mejor crean conveniente para rendir homenaje a su ser querido.

El Administrador del Campo Santo, indica que el horno crematorio que adquirieron, cumple con todos los permisos y normas ambientales, además de que la funeraria cumple con normas y procesos que no constan en la licencia ambiental, pero que por su responsabilidad social las realizan para ofrecer la tranquilidad necesaria a las personas que están cerca del crematorio y a quienes están en las oficinas.

Alrededor de un 25% del total de asistencias funerarias que brindan, optan por la cremación, actualmente, con equipos propios, creman alrededor de 8 cuerpos al mes. El horno tiene una capacidad para realizar cuatro cremaciones al día y, según los casos, cumple con totalidad la demanda actual de su servicio, estando a la par con los de Quito, Guayaquil y Cuenca.

Datos

El costo de la cremación es de 690 dólares. La cremación de restos, difiere de acuerdo al tiempo de permanencia de los restos, puede ser desde cinco años en adelante. El precio, según señala Edwin Hurtado, es razonable para que puedan acceder las personas que consideran esta opción.

El costo de la cremación incluye un cofre para la velación, además de contar con protocolos para la despedida, entrega del cuerpo y recepción de las cenizas; una forma de tratar de aliviar el dolor de los familiares.

El horno crematorio es el Power Pack I, funciona con gas licuado de petróleo y está diseñado con tecnología de punta para reducir el tiempo de cremación. Su necesidad calórica es mínima, en la primera cámara donde se crema al cuerpo alcanza los 871 grados centígrados y, en la segunda, donde se creman los gases producidos en la primera cámara, funciona a 1200 grados centígrados, garantizando que las emisiones que salgan a través de la chimenea sean prácticamente nulas.