Los servidores públicos y su rol

El poder del Estado está distribuido en: funciones, para evitar los abusos en su nombre; y, en niveles de gobierno, para desarrollar la prestación de los servicios públicos. A los Municipios, les permite crear ciertas dependencias para mejorar su desempeño, y ejerciendo sus competencias, dirigir: la policía municipal, los controladores del simert, los agentes civiles de tránsito e incluso el cuerpo de bomberos. Los roles asignados a cada agrupación están enmarcados en la Constitución, ley u ordenanzas, y no pueden ser distraídas por desfaces autoritarios acomodaticios del momento.

Si en el Ecuador: “las personas que actúen en virtud de una potestad estatal ejercerán solamente las competencias y facultades que le sean atribuidas en la Constitución y la ley”; y que, ningún servidor público: “está exento de responsabilidades por los actos realizados en el ejercicio de sus funciones”, ¿porqué se les cambia sus actividades? Por ejemplo: Si la policía municipal debe controlar el ordenamiento y limpieza de los mercados, porqué si son gente humilde, tienen que enfrentarse con los humildes vendedores o ser preparados en un curso internacional de protección; si el SIMERT es creado para generar espacios libres para estacionamiento, porqué se les asigna a los controladores, metas recaudatorias.

Porqué a los agentes civiles de tránsito, que deben regular y controlar el tránsito y transporte público dentro del cantón, se los utiliza como: antimotines, dispersores en los mercados o perseguidores de los informales, auxiliando a los municipales. Porqué a los bomberos, creados para la prevención, protección, socorro y extinción de incendios, se los convierte en lava calles. Cada función es sumamente importante, y no deben ser distraídos, porque pierden la esencia para la que fueron creados; ni desfigurar su actuar, para que la gente los vea como enemigos.

Tampoco se trata de extravagantes jerarquías, sino del simple: “zapatero a tu zapato”. El que sean servidores públicos, no conlleva el abusar de sus necesidades laborales y cambiar sus roles; no hay que convertirlos en repelentes, ni utilizarlos en marchas, revueltas ni como aplaudidores, manipulándolos con perder sus puestos si no acatan o si protestan. La mayoría son jóvenes, no hay para que envenenarlos, hay que potencializarlos, tienen la capacidad suficiente para dedicar su tiempo formando y concienciando a la ciudadanía, en cada una de sus actividades.