Loja: La cruda realidad de una jornada en ‘EMERGENCIAS’

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Redacción: Andrés León 

Sin ningún afán o tinte político, el compromiso de Primer Reporte siempre ha sido el contar las historias que para muchos pasan por desapercibidas, pero que para nosotros, son las noticias que otros “no ven”, o simplemente no las consideran importantes.

En nuestro ir y venir de todos los días, tratamos de percibir la realidad que les toca vivir a los lojanos. Fijarnos en cada rincón, apreciar cada sonrisa, observar la preocupación de algunos, el sufrimiento de otros y las historias que cada persona construye a diario, nos motivan a escribir unas nuevas líneas para nuestros lectores.

En varias oportunidades, algunos conocidos nos hicieron llegar sus quejas respecto a la realidad que tienen que afrontar las personas que asisten para beneficiarse de la salud pública; aquellas que no pueden cancelar los 30 dólares de una consulta con un médico particular, o portar el recurso económico necesario para acudir a una clínica.

A veces resulta raro acercarse y observar lo que con indiferencia se puede vivir del dolor y desesperación ajena, es que una cosa es ver el sufrimiento del prójimo a vivirlo uno mismo. Hoy los invitamos a conocer cómo se vive una jornada de atención en la Sala de ‘EMERGENCIAS’ de la salud pública que tiene nuestro querido y prometedor Ecuador.

Antes de que nuestra historia sea tomada por algunos como un flechazo político por el tema de elecciones, destacamos que a nosotros nos mueve el compromiso por aportar la información, la noticia, la realidad, la historia, que otros no cuentan pero que es necesario que usted amiga y amigo conozca.

Entre gallos y medianoche, cuando aún la ciudad no despierta, donde el frío viento eriza la piel y las bajas temperaturas de la madrugada nos hacen llevar las manos hacia nuestro rostro para tratar de buscar calor con el tibio soplo de nuestro aliento, empezamos a trasladarnos hacia ‘EMERGENCIAS’.

El silencio embarga las calles de la urbe, los únicos movimientos se reducen al vaivén de las hojas de los árboles que son fieles testigos de cada amanecer y ocaso en la “Centinela del Sur”. Pero el tema nace desde el mismo traslado hacia ‘EMERGENCIAS’, esa aún resulta ser una penuria aparte.

A nuestra llegada, en la entrada, el guardia de turno yace en una silla, tratando de protegerse con una manta del frío implacable de la madrugada; sin más que hacer que saludar, iniciamos el trayecto que muchos no quisieran realizar hacia la entrada de la Sala de ‘EMERGENCIAS’.

Podemos sentir que por ahí caminaron padres, madres, hijos (as), hermanos (as) y amigos (as) que la desesperación y la impotencia de ver a su familiar en una situación crítica de salud, les llevó a derramar más de una lágrima por la forma en la que saben que serán tratados o por el temor de que nada se pueda hacer para salvar una vida.

Caminando sin prisa, podemos apreciar a la distancia como varias personas sentadas en la parte exterior, esperan alguna noticia del paciente ingresado. ¿Qué hacen afuera soportando el frío de la madrugada?, pues, formar parte de lo que constituyen unas de las primeras palabras de quienes son los encargados de recibir a los desesperados asistentes, hablamos de los guardias.

Es que resulta extraño, poco comprensible, que sea un guardia quien te reciba en la entrada a la sala de ‘EMERGENCIAS’ y sea quien te diga: ¿qué es lo que sucede?, ¿qué le duele?, ¿qué pasa? y, que, en conclusión, si vas acompañado de más de una persona, te digan que sólo puede pasar una (o) con el paciente que necesita atención inmediata.

Pero les explicaremos más adelante algo especial que pasa con los guardias, no los catalogamos como “los malos de la película” ni nada por el estilo; ellos están ahí por una razón que mencionaremos en las próximas líneas.

Inicia el movimiento, el cambio de luces de un taxi es la señal de que necesita ingresar al recinto porque traslada a alguien. La incertidumbre se hace presente entre quienes observan, a nosotros nos recorre un frío por la columna que llega hacia nuestra cabeza y nos produce una sensación de ansiedad y miedo. Por respeto, no detallaremos específicamente el problema de cada caso.

Así con el transcurso de los minutos, son más los casos que asisten. La atención es la misma, sólo ingresa una persona con el paciente y a la otra le toca vivir el frío. Ya adentro, no importa lo que te suceda, te toca hacer la famosa “cola” para poder ser atendido.

Es tanta la desesperación, la angustia y la impotencia de quienes permanecen en la parte exterior, que más de uno se acerca a la puerta con la esperanza de poder ingresar y tratar de hacer algo para que su familiar sea atendido con inmediatez; pero ¡qué bah!, la cosa no resulta así.

Apenas es una persona la que se encarga de hacer una pequeña evaluación del paciente, tomar sus signos vitales y llenar una infinidad de papeles que les toca realizar por cada persona que se atiende, proceso que los mismos médicos (algunos) dicen estar en contra y que limita su trabajo para una pronta atención.

Llegan casos de toda índole: recién nacidos, niños (as), jóvenes, señoritas, mujeres y hombres de toda edad. Igual, una sola persona es la que debe atender a todos. Esa espera para ser atendido es la mayor impotencia que se puede vivir en la vida.

Hay una señorita con problemas para respirar, su rostro se va tornando pálido, la agitación la embarga, pero para los médicos que entran y salen, no es nada alarmante; eso para ellos, ahora imagínense ustedes ¿cómo se sienten sus familiares?, ¿cuánta es la impotencia de estar ahí y no poder hacer nada?

Quien atiende, cumple su trabajo, pero la espera es un dolor de cabeza que resulta difícil de explicar. Apreciamos que una madre lleva un pequeño en brazos, tendrá unos tres a cuatro meses de edad, sus lágrimas no cesan, está sola, tiene miedo por su hijo y debe esperar a que lo atiendan.

La o el enfermero de turno, no tiene ningún cuidado para realizar antes de cada atención, algún procedimiento de limpieza de sus manos o de un tratamiento de desinfección entre paciente y paciente. Es que con los bebés la cosa es diferente, sus defensas son muy bajas y merecen un cuidado especial; por eso muchas personas dicen que si vas a la salud pública sin estar muy enfermo, sales contagiado de algo de ahí.

Eso es lo que nosotros apreciamos, nadie nos lo contó. Es más, existen dos cámaras de video-vigilancia que, asumimos, registran todo lo que sucede. El ambiente es extraño, el aire se torna diferente, el silencio por momentos se hace presente, pero el llanto de alguien lo invade rápidamente para romper la barrera que crea entre los asistentes.

Una vez atendidos los pacientes, se destinan a ‘EMERGECIAS’ realmente, o a una nueva “cola” para ser atendidos por un médico. Es que existe una diferencia entre emergencia y urgencia: emergencia es cuando la vida de una personas está en inminente peligro y; urgencia, es cuando la vida del paciente está en riesgo. Diferencias que los familiares a veces no entienden por la desesperación.

Por momentos sale un médico o enfermera y apoyado con el guardia de turno solicita la presencia de los familiares de un paciente “x”, el grito del guardia, pone los “pelos de punta” a todos los desesperados familiares. La puerta que conduce a lo interno de ‘EMERGENCIAS’ se abre y cierra acelerando el latido de los corazones angustiados de quienes esperan.

La impotencia pasa de ser una actitud a ser un respiro agitado en el lugar. Las lágrimas son el común denominador y los sollozos cobijan cada espacio de la Sala. En la parte externa, al guardia le toca batallar con todo el que llega; hay personas que comprenden la situación de no poder ingresar, pero en la vida hay de todo y les toca soportar los insultos que no merecen, porque van para el Gobierno y su labor en salud.

Mencionamos en líneas anteriores que explicaríamos algo con los guardias. Hay unos que se creen autoridades y médicos a la vez, su actitud dice mucho; hay otros que son comprensibles con el dolor ajeno y tratan de ser cautos con sus palabras y acciones, pero a veces les toca soportar a gente abusiva y maleducada que no respetan su trabajo.

La verdad es que a ellos los multan por las situaciones que se presenten en el ingreso, la sanción va desde 30 dólares hasta 100 dólares. Por eso debemos ser conscientes de que ellos no están ahí por casualidad del destino, es solamente su trabajo. ¿Que por qué están ahí? Por la educación que aún nos falta a muchos en este país y que lleva a que en un hospital lo primero que veas sea un guardia a un médico.

Podríamos seguir escribiendo muchas líneas más, pero queremos cerrar la jornada de esta ocasión señalando que, si queremos mejorar lo que tenemos, es una misión que necesita la ayuda de todos. Por lo pronto, seguiremos viviendo la triste realidad de una atención que deja mucho que desear y el lamento de miles de lojanos que tendrán que seguir visitando ‘EMERGENCIAS’ por la difícil situación económica que todos afrontamos.

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