Lo que toca, daña

Contrario al rey Midas, existe un personaje que: lo que toca, daña; al que se le pega, pierde; o, el que se le arrima, se contagia. En un principio, los hipnotiza con sus fábulas, contándoles ilusionismos, inventándoles leyendas fáciles de digerir por los practicantes del fanatismo; se les presenta como un vendedor de sueños a los supersticiosos, a los flojos de espíritu y a los ambiciosos, ocultándoles el desastre final que deben enfrentar, por: haber compartido sus postulados; guardar complicidad silenciosa en sus fechorías; y, repetir sus prácticas autoritarias extravagantes.

Su facineroso magnetismo, le ha permitido transformar incluso gente buena en solapadores del abuso, sin dejar de lado la idolatría en la que se revuelven sus súbditos, troles y arrimados; cuyo vértigo les ha provocado el remedo de poder que alcanzan, conduciéndolos a una resaca del alma que no tiene remedio ni marcha atrás. Pero volviendo al tema, en cualquiera de los casos, lo que toca daña, por ejemplo: se les metió por la tranquera a los correístas, lo aduló al aprendiz de emperador y lo saló, incluso perdió el liderazgo autoritario que tenía en país; y, lo cooptó a Ludeña, lo fulminó y lo hizo perder las elecciones en el sindicato.

Este tipo de personajes no quiere entender ni en el ocaso de su vida política, que vivimos otros tiempos, que quien no es solidario en su integridad, se autodestruye; y, que más temprano que tarde, hay que pagar el mal causado a nuestros semejantes. Por vivir envanecidos del poder, se olvidan, que: quien osa en tocar a un inocente, daña la sociedad en su conjunto; quien maltrata a un campesino, daña la ciudad; quien abusa de un informal, daña a una familia que seguro espera la llegada del pan a su casa; quien irrespeta a un chofer, daña el transporte; en definitiva, quien lastima a un lojano pierde su esencia, distorsiona su brújula y desfasa el sentido de la elocuencia.

Realmente, para funcionar como sociedad, no necesitamos reyes Midas ni tampoco capataces; no buscamos que lo que toquen lo conviertan en oro, con que nos respeten como Seres Humanos habremos alcanzado el más bondadoso de todos los tesoros. Póngale el nombre que quiera a su gobernante, ensálcelo o idolátrelo si quiere que lo siga irrespetando; pero si busca que administre bien, exíjale que sea el primero que respete, y sino revóquele el mandato, él está ahí por su voto, pronto habrá como hacerlo.

pavevaldivieso@hotmail.com

error: Content is protected !!