Las palomas, aves que dan vida a la Plaza de Santo Domingo

Caminando desde temprana hora cerca a la Plaza de Santo Domingo, no nos es ajeno divisar a varias personas tomar un descanso en las bancas de este pintoresco rincón de la urbe, o simplemente, verlos sentados en los graderíos que rodean al monumento de Manuel Carrión Pinzano, unos disfrutando y otros jugando con las aves que le dan vida al lugar, las palomas, aprovechando de paso el instante para brindarles alimento.

No importa si los rayos de sol que inundan con su luz a la plaza son demasiado fuertes, lo que se desea es meditar, analizar y sobre todo cambiar de ambiente, saliendo un poco de nuestra diaria rutina. Sin embargo, también miramos a muchos cruzar rápidamente por este lugar para cumplir sus actividades.

Dialogamos con algunas personas, quienes brindan un poco de tiempo para distraerse con las aves, que merodean por los alrededores de la plaza desde hace muchos años atrás; María Guamán, de 46 años, nos cuenta que “cuando era niña ya habían palomas en este lugar, a mí me gusta verlas de vez en cuando”, argumenta en nuestra entrevista.

Luego de 20 minutos en este tradicional sitio, una pareja con un niño se acercaron, pero el infante corrió hacia los animales con el afán de verlas volar en manada, después de unos segundos comenzó a pedir comida para darles a las palomas, armó un berrinche que hizo que sus padres compren una fundita de maíz.

Dos personas venden las funditas de maíz en la plaza, a pesar que está prohibido, pero las ganas de ayudar a los animalitos y al bolsillo de su hogar lo hacen. Su costo no va más de 0,25 centavos, aunque la vendedora no nos dio la respuesta de cuántas funditas tenía en la gaveta par su venta, pero durante el día logra venderlas todas.

Unos pasos hacia la iglesia, las fundas con el alimento brillan por estar en un charol sobre una silla roja, en este caso no vimos a una persona realizar la compra, así que el propietario rompió una bolsita y lanzó los granos de maíz al piso, causando que muchas palomas revoloteen en ese momento.

El tiempo transcurre y todos se marchan, tal vez por ser el horario del almuerzo, suponemos. Siendo las 15:30, nuevamente este sitio se convierte en el escenario donde las palomas van de un lado a otro en la espera de más granos de maíz. Cada día hacen lo mismo: vuelan, caminan, y esperan que las alimenten, pero en la noche, la plaza es toda suya.

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