Las cantinas clandestinas, un problema que invade a “Las Pitas”

Iniciamos nuestra jornada acompañados con unas pequeñas gotas de lluvia, que discretamente coquetean con el ocaso del día y nos motivan a ir en busca de las historias que pocos las toman en serio y que para muchos pasan por desapercibidas ya que a su criterio no afectan a su entorno o familia.

La noche cae de a poco y nuestro rumbo enfoca hacia el norte de la ciudad, específicamente a un populoso barrio de la urbe lojana, Las Pitas, lugar en la ciudad en el que apreciar durante la noche o madrugada a distintos individuos ingiriendo alcohol, se ha vuelto parte del panorama que opaca la belleza de este tradicional barrio de la hermosa Capital Musical del Ecuador.

Como aún iniciamos recién en este largo trayecto de alcanzar el éxito, aún el bolsillo no nos alcanza para un vehículo particular, menos todavía para tomar un taxi, ya que la crisis está fuerte para todos, decidimos asistir a la parada de bus de la calle Lauro Guerrero y 10 de Agosto para tomar el bus que nos lleve a nuestro destino, el barrio Las Pitas.

Siete minutos nada más nos separan del centro de la ciudad hacia el escenario que en esta ocasión consideramos para contar una nueva historia. Ya en el sitio, el viento sopla y el frío se hace sentir, haciendo que tomemos fuertemente nuestra chaqueta y nos pongamos un gorro para proteger algo nuestra cabeza de la baja temperatura. Son cerca de las 19:00 e iniciamos nuestro recorrido.

Nos acercamos a muchos lugares, preguntamos de cómo afrontan el tema de las personas que a diario liban en el sector, muchos prefieren cerrarnos la puerta y no decir nada, otros sencillamente por la ventana, nos dicen que no tienen nada que decir, pero otras personas cansadas de los escándalos de los ebrios protagonizan especialmente en la madrugada, nos cuentan algunos detalles.

La señora “Isabel”, nombre que daremos para proteger a una de las señoras que nos atendió, nos cuenta que son muchas personas que han tomado este sector de la ciudad como un escenario para consumir alcohol durante las noches sin que nadie les diga nada. Su rostro refleja molestia, sus años merecen respeto y su cabello blanco demuestra que ya cumplió con una vida de trabajo y que lo único que desea es descansar con tranquilidad en las noches.

Avanza la noche y seguimos caminando, continuamos golpeando puertas y recogiendo criterio de la gente que nos atiende en nuestra investigación para conocer qué sucede en Las Pitas y el porqué del alto índice de consumo de alcohol en el sector. Muchos coinciden que son personas que no viven ni siquiera en el barrio, pero que aprovechan la venta libre de bebidas en el lugar para consumirlas cuando desean y sin que nadie les diga nada.

Ahí es que partimos con la búsqueda de lo que los moradores denuncian como cantinas clandestinas, que serían el foco del problema. Muchos de los bebedores en Las Pitas, son personas que vagan por las calles, otros son trabajadores de la construcción y estibadores que lamentablemente lo poco que ganan, terminan gastándolo en el vicio del alcohol.

Doña Isabel nos cuenta que son reiteradas las veces que tratan de pedir ayuda a las autoridades, pero que no se hace nada por terminar con el problema, sólo una ocasión reaccionaron los del ECU 911 y luego ya no les han hecho caso. La misma policía ya no responde a la ayuda, ya que no puede hacer mayor cosa con los ebrios en el sector; cuando se acercan los policías sólo los ahuyentan un momento, pero regresan de inmediato.

Nuestro trabajo se centra en verificar si es verdad o no que existen cantinas clandestinas en el sector, y nos dedicamos a preguntar cómo podemos conseguir “anisado o punta”, licor tradicional de nuestra tierra. Con salto y seña, a la primera que preguntamos, nos dieron algunos puntos de referencia, “acasito, en la casita… ahí le venden nomás lo que guste”, esa fue una de las respuestas que conseguimos.

Al acercarnos a uno de los sitios, que a propósito no es una tienda de abarrotes sino una casa normal, preguntamos si nos podían vender licor, por un momento, quien nos atiende, un ciudadano de aproximadamente  47 años, nos examina de pies a cabeza para verificar tal vez alguna sospecha de que nuestro pedido tan temprano en la noche, busque otro fin; la respuesta es que “sí no venden lo que queramos”.

Preguntamos costos y los mismos se acoplan al bolsillo de quien se acerque. Por eso es que hay tal cantidad de personas que acuden al sector para embriagarse. Botellas desde un dólar se expenden para las personas que no pueden escapar del traicionero mundo del alcohol. Aún es temprano y no notamos mayor número de personas que inicien su jornada de libar.

Pasados ya algunos minutos, incluso el ambiente va cambiando de a poco por sus protagonistas, la noche de un lado y por otro, quienes rondan bajo su manto de oscuridad, mismo que por su rostro y forma de hablar crean un panorama distinto. Cerca de la media noche, en un día entre semana, a lo largo de la avenida Pablo Palacio y avenida 8 de Diciembre, apreciamos a varios ciudadanos acomodarse en las veredas convirtiéndolas en las más cómodas salas, para sentarse a beber.

Unos se pierden completamente del mundo, no sienten frío ni miedo de quedarse totalmente indefensos rendidos por el sueño y efectos del licor. A unos 35 metros del lugar donde nos encontramos, una señora acompañada de su hija, salen a solicitar que se retiren para poder descansar, apenas inicia la semana y ya no pueden entregarse con tranquilidad al sueño que les permita recobrar energías para el siguiente día de labores.

La lluvia se hace presente y pese a ello, continuamos buscando otros sitios en los que nos ofrecen licor sin saber que simplemente vamos a preguntar si lo venden o no. Que se consuma licor en Las Pitas, tiene nombre y apellido, cantinas clandestinas, un dolor de cabeza para los moradores de tan bello lugar de la urbe.

Avanzada la noche y ya en horas de la madrugada, el frío se intensifica y el cansancio nos invade, por lo que decidimos ir poniendo punto final a nuestra jornada, donde apreciamos a varias personas perderse en uno de los más antiguos vicios que han destruido a muchos hombre y mujeres y que han dado por terminadas familias e incluso ha quitado vidas.