La intimidad de un cuarto de motel

Las apasionadas caricias y los besos subidos de temperatura que los ilusionados enamorados dejan ver en algunos parques y rincones de la ciudad, de un momento a otro, sin necesidad de un “abra cadabra”, desaparecen en busca de un nuevo rincón que les brinde confort para darse cariño. Y como dice un viejo adagio “la curiosidad mató al gato”, hoy les contaremos cómo es la intimidad de un cuarto de motel en Loja.

Montaner entre los versos de una de sus canciones señala “… de nube en nube va el amor, de rama en rama va el amor, de beso en beso va el amor a la cama…”, y es que la parecer la visión de negocios no encontró mejor foco que proveer un espacio para que los enamorados se demuestren su afecto y gusto en jornadas de enmarañada pasión.

Nuestras manos sujetan fuertemente el volante de nuestro vehículo, el corazón late a mil por hora, literalmente, un tanto agitados y sin despegar la mirada en la silueta estilizada de nuestra compañera a bordo, iniciamos el recorrido hasta la parte noroccidental de nuestra pequeña ciudad. ¿Por qué los hacen tan lejos? Será porque algunos encuentros amorosos no son del todo fieles a la realidad de cada individuo.

Los neumáticos besan el concreto en la carretera forjando la armonía perfecta que es cómplice de nuestro recorrido, las revoluciones del motor suben y se acoplan a nuestro palpitar, mientras el vaivén de caricias no para hasta arribar a un sector que por sí solo, invita a dejarse llevar por el consentimiento del placer de la carne que nos vuelve tan humanos.

Un letrero, un singular nombre, una estrecha entrada; metros más adelante, otro, de igual picardía para capturar la atención, así muchos más, pero nuestra elección vino ya en el camino por la referencia de amigos que con frecuencia toman los servicios de los moteles para conjugar el verbo amor en plena acción.

Al ingresar, puertas cerradas nos reciben, quién sabe si esas habitaciones están siendo plataforma de caricias y muestras de amor o solamente encuentros casuales para satisfacer un deseo que simplemente se lo relaciona al acto sexual explícito. Los que sabemos es que nuestro ingreso nos es para tomar un respiro, ni para jugar cartas.

Una de las puertas se abre y nos invita a pasar, al ingresar en nuestro vehículo de inmediato la puerta vuelve a cerrarse. Nadie nos observa, sólo una puerta de ingreso al cuarto, nos realiza un llamado que al parecer no hemos sido los primeros en recibirlo. El ambiente es distinto, el aire tiene un toque diferente, los colores en las paredes, el acabado de los pisos, la decoración y los muebles son el escenario perfecto para que la excitación se apodere de nuestra parte racional y aparezca lo primario de nuestra existencia.

Un minibar nos ofrece bebidas para calentar los ya ardientes cuerpos que están en la habitación, todo el colorido y decoración nos conduce a la cama, como si algo en nuestro subconsciente estuviese jugando con nosotros, pero otra parte del mismo nos invita a jugar con los posibles escenarios en los cuales los amantes pueden disfrutar de sus cuerpos.

Las sábanas acarician el cuerpo desnudo de quienes las visitan, sola ellas conocen de quienes han sido cómplices, a quienes han visto dejar decepcionadas a sus parejas y en cuántos casos los encuentros amorosos han terminado en el surgimiento de una nueva vida.

Lo que ahí pasa, ya lo conocen, sólo les contamos que los espejos ubicados estratégicamente en la habitación, reflejan los que en las sábanas ocurre. Por un período de tres horas, las parejas pueden invitar a que sus cuerpos y mentes jueguen y se disparen con el placer de la carne; para concluir la jornada tomando un teléfono para marcar el cero y solicitar la cuenta del uso de las instalaciones.
De lo que un día nos comentaron que arrancó con un costo módico, cada día se incrementa por la oferta y demanda que existe. No se diga en San Valentín, cuando en el Día del Amor y la Amistad, muchos aprovechan para darse el amor que tantas ganas se tienen.

Un punto infaltable en la visita a los moteles es que luego de la faena, tomar una ducha no sienta nada mal y abandonar el lugar con la fragancia característica de los jabones de baño del motel, es que hace muchas de las veces que ese olor a “jabón chiquito”, te delate de dónde pasaste una jornada en la que te olvidabas del mundo y te entregabas al placer.