Una historia de fortaleza

Les contamos la historia de “Don Ernesto” (nombre protegido), un adulto mayor jubilado que vive con Tuberculosis en Loja, una enfermedad infecciosa que se transmite por vías respiratorias.

Pese a ser afiliado al IESS y tener un servicio de salud del Ministerio de Salud Pública a tres cuadras de su vivienda, jamás confió su bienestar ni el de su familia al servicio público.

Sus pocos ingresos que recibía lo destinaba para la atención en clínicas particulares incluso en otras ciudades. Sin embargo, hace seis meses, su salud quebrantó, perdió el apetito y también bajó de peso. Como era habitual en esos casos viajó con su esposa a Cuenca para ser atendido. Luego de onerosos gastos en el servicio, exámenes y estadía, debió retornar a Loja porque no pudieron mejorar su estado.

Su salud seguía empeorando y como segunda opción acudieron a una clínica privada. Allí quisieron practicar una cirugía que no fue posible debido a inconvenientes de salud propios de la edad. Al no poder resolver su problema, su familia casi con las esperanzas perdidas  lo regresaron a casa. “Lo creíamos muerto, nadie tenía fe de que mejoraría”, dice su hija.

Un equipo de salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social -IESS- lo visitó para brindarle atención médica, tal como lo establece ahora la política de salud en el país. Al verificar su condición fue remitido al Hospital del IESS en donde fue internado inmediatamente y también aislado debido a que le diagnosticaron Tuberculosis.

Debido al trabajo articulado que realizan los profesionales de salud con el Ente Rector que es el Ministerio de Salud Pública, el cual trabaja en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de forma gratuita, reportaron el caso de “Don Ernesto” para el respectivo tratamiento.

Han pasado tres meses desde que el personal de un Centro de Salud en la ciudad de Loja lo visita a diario para brindarle el tratamiento respectivo, cumpliendo así con el protocolo establecido para el control de la Tuberculosis.

“Yo ahora me siento muy bien… es una cosa magnífica. Es un gran servicio porque de otra manera no habría podido curarme”, expresa “Don Ernesto”, quien hasta ahora no puede creer que su mejoría de salud estaba tan cerca y de forma gratuita.

“No desconfíen del servicio de salud es muy bueno”, dice su hija quien ya agendó su cita médica al 171 para un controlar médico. Concluye diciendo que la salud ya no es vista como mercancía porque hay un Estado que vela para que sea un derecho y ellos dan fe de la calidad, “ni las mismas clínicas no le detectaron la enfermedad a mi padre. Gastó muchísimo dinero… Yo me sorprendí cuando me informaron que en el Centro de Salud de mi barrio detectan la tuberculosis, aún parece mentira”, menciona su hija con asombro.