HAY QUE REVOCAR EL AUTORITARISMO

Más allá de la decisión tomada por el organismo del sufragio, la entrega de los formularios para recoger 23.486 firmas, con la que se da inicio al proceso para la revocatoria del mandato del alcalde en Loja, nos permite entender la gran oportunidad que la democracia directa brinda al pueblo, para que se pronuncie de manera secreta si se queda o se va. Seguramente la sentencia ejemplarizadora, para lo posterior, hará meditar a cualquier gobernante que: si se porta mal, se va a su casa; si abusa del poder, se va a su casa; si administra por encima de sus competencias legales, se va a su casa.

 

La revocatoria del mandato, no es un simple cambiemos de autoridad, al fin y al cabo, falta poco tiempo políticamente para jubilarlo; lo esencial, es la enseñanza medular que deja, para que nunca más vuelvan a hacerse los bravucones, los imponentes, los intocables, los únicos y los predestinados. Sin duda, queda membretado para la clase política, que nadie en el ejercicio de una delegación pública puede osar en abusar de lo encomendado; y, para los aduladores, no teman, el pueblo sólo lo manda a descansar, a cambio de encontrar la paz.

 

Si ganó reducidamente la alcaldía con cerca del 24% de los empadronados, ahora se medirá en las urnas y veremos si su proceder, le permite llegar al 50% + 1 de los votos válidos para quedarse y terminar su último periodo. Enfrentará a quienes: les arrebató sus tierras por el sendero sin respetar los procesos de expropiación; les impuso 5, 10 o 15 fotomultas sin un debido proceso, solo con fines recaudatorios; les mandó a maltratar por ser informales o campesinos; les impuso multas y altos impuestos municipales; les tumbó la casa, con el pretexto trillado de que el interés público está por encima del privado, desechando el interés humano; les impuso réplicas a muchos noticieros, abusando del compadrazgo con el oscuro pasado. Cuántos de ellos, repiten hoy a voz en cuello: “dónde firmo”

 

Claro que también, vemos que camaleónicamente ya se están haciendo los buenitos: buscan padrinos y defensores, regresan con sus eternos aliados, agasajan a los empleados, esconden a los municipales, desconectan los foto radares; vuelta simulan que han cambiado. Pero, para construir una ciudad sin abusos, sin violencia, sin miedos ni verdugos, hay que desechar el autoritarismo, recordándoles cada día a nuestros gobernantes, que son simples servidores públicos y no capataces.

 

 

pavevaldivieso@hotmail.com

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