Hagamos que las cosas pasen

Al culminar la campaña de la segunda vuelta, más allá del tiempo de reflexión que tenemos para ponderar entre los insultos de un grupo y del otro, se abre la posibilidad de meditar sobre el futuro que se nos aproxima; principalmente, sobre lo que aportaremos desde nuestro poder decisorio, para el futuro de nuestros hijos, y el de los hijos de nuestros hijos. De la decisión que tomemos el 2 de abril, dependerá lo que pase a partir del 24 de mayo: talvez los siguientes cuatro años, o durante el tiempo incierto, que permita la “democracia” manipulada y convertida en botín de la corona.

Fuera de lo legal, moralmente estamos obligados a elegir al próximo mandatario, por lo que, es trascendental definir, reflexionando: ¿cuántos sueños se han truncado por no hacer que las cosas pasen? Nuestros padres, hijos y amigos, los que están fuera de la política electoral, solo anhelan un Estado: que les de seguridad, les permita encontrar trabajo y los deje surgir; que cuando tienen trabajo, les de las facilidades para producir y no los atosigue con tanto impuesto; que los deje educar a sus hijos sin adoctrinamientos y con el derecho a escoger la carrera que anhelan. Un Estado, que busque el bienestar de todos sus ciudadanos, sin que se ufane en perseguir a unos, para aprovecharse de la pobreza de otros.

Que no nos vuelva a ocurrir; por falta de trabajo a finales del siglo anterior, muchos se tuvieron que marchar, destrozando incluso sus anhelos, en busca de un porvenir; todavía es tiempo de recuperarnos, haciendo que las cosas pasen. Si se marchitaron los deseos, es momento de reivindicarlos, es tiempo para volver a empezar, es tiempo de renovarnos y juntos construir un país incluyente; en donde el gobernante, entienda que la única vía que tenemos, es sacar a nuestra gente adelante, con capacidad, dignidad y honradez. Tenemos que hacer que las cosas pasen.

Basta ya de que ganen siempre los mismos, los que siembran el terror, los que sienten ser los dueños, los inmunes al dolor; es tiempo de renovar los esfuerzos, renovar experiencias, renovar la democracia, hacer del Ecuador una fortaleza incluyente. Es tiempo de dialogar, concertar y construir, es el único camino que nos queda. Sin duda, nada es para siempre; la única diferencia es que los cambios, siempre deben ser oportunos. Tú tienes la decisión final, en tus manos está el futuro del Ecuador.

pavevaldivieso@hotmail.com

Loja, 29 de marzo de 2017