Fue por él, cuando el arte empezó a sentirse como el calor del sol

“Para que siempre se acuerden mí, para que nunca me olviden”

                                                                                       Manuel Serrano

 

Al encontrarse mal de salud y como avizorando su pronta partida, Don Manuel caminaba lento y como narrando un libro de cuentos indicaba cada uno de los lugares que dejaba al “Valle del Eterno Sol” como su legado, el  Museo de Arte Contemporáneo que lleva su nombre, “Manuel Serrano”. Es difícil creer que ya no está, cuando se conoce a personas que marcan la vida de otras, se siente como una parte importante de la humanidad en este pequeño rincón del mundo se ha perdido.

Un pintor artístico autodidacta, que desde niño empezó a dibujar sus artes en las cortezas de los árboles y los troncos de los cercos, “Mientras aprendí a leer, aprendí a dibujar” contaba mientras recorría la casa ubicada en medio de las polvorientas calles de la parroquia San José de Catamayo, que antiguamente era un galpón de pollos y que ahora posee sus paredes decoradas con ladrillo artesanal pulido, pisos de cuarzo y vigas de madera lacadas, un lugar en donde el espíritu y el alma se transforman en arte.

Mientras mostraba cada rincón del Museo, su mirada imaginaria añoraba el momento en el que podría ver como se darían varias actividades, una biblioteca táctil, talleres de pintura, de danza y música “A los chicos les encanta la música y sobretodo la urbana y a mí me encanta ese tipo de música” contaba en medio de risas. Todos quienes tuvieron el honor de conocer a Don Manuel sintieron esa curiosidad de niños, pues sus conversaciones venían cargadas de historias singulares “Nadie se ha dado cuenta de la biodiversidad de Catamayo, se necesita una conciencia clara de lo que es la naturaleza, yo vine a poblar aquí cuando habían faicales y pude divisar que pájaros de muchas especies anidan aquí y ya cuando pasa el invierno salen junto a sus crías, una migración que nadie ha dado cuenta, ni ha dado connotación”  solo Don Manuel con su curiosidad propia de un artista, podía darse cuenta de estos hechos únicos y que se dan en su querido Catamayo.

Sus queridas flores y plantas ubicadas dentro del Museo, era otro de los tesoros de Don Manuel, un lugar que embellece aun más la estructura de ladrillo, con orgullo mostraba las diversas especies que pudo traer de diferentes partes del país y  que con mucho esmero hizo que crezcan en el clima cálido seco de Catamayo. “Pude traer una orquídea tipo carrizo desde el Oriente y con suerte pude hacer que crezca en este clima” decía con orgullo.

Cuanta nostalgia da saber que ya no está, pero quedan sus más de 500 obras que se expondrán durante el tiempo venidero en una de las salas del Museo para ser por siempre el manifiesto y herencia que dejó Don Manuel a su querida niñez y juventud del Sur del País. Propios y extraños podrán dar cuenta de la fructífera labor artística de este pintor, que fue uno de los predilectos hijos de la cuna de artistas del Ecuador.

 

error: Content is protected !!