El cataclismo de los ilusionistas

Al parecer como van las cosas, nos hemos quedado estancados en el tiempo. Presuntamente nos colonizaron hace 525 años, inmiscuyendo a parte de nuestra gente en esas abominables prácticas de gobernanza, especializándolos en malas mañas; los próceres rompiendo el yugo español, nos independizaron hace 195 años, pero quedamos gobernados por aprendices del colonialismo, aquellos capataces que toman las decisiones en nombre del pueblo. Ya cursamos 187 años de vida republicana; siendo gobernados por caudillos de derecha, izquierda, centro y populistas, sin avizorar hasta el momento, cambios profundos.

Con el pasar del tiempo, hemos logrado comprender que muchas de las disputas por el poder solo crean nuevos ricos; y, que en realidad el Ilusionismo se esconde en las sombras. En las sombras toman las decisiones, sin importarles su credo o posición ideológica; las acoplan, hacen cuentas, proyectan sus ganancias y ponen a los ilusionistas a ejecutarlas. Justifican en su discurso, que actúan en nuestra sociedad de buena fe, en nombre de un bien mayor; incluso, llaman a la conciencia del pueblo, acoplando expresiones para que ojalá un día todos aprendamos a remar juntos, pero lo que si se encargan es que sea para su lado.

Cuando se crean nuevos escenarios, tiemblan solo en pensar poner en riesgo sus negociados y buscando por cualquier medio neutralizarlos; compran conciencias con dineros públicos, al fin y al a cabo, no salen los recursos de sus bolsillos. Ya se acostumbraron a dominar al pueblo con ilusionismos forjados, le venden obras simbólicas e imaginarios pintados, adormitando a la gente para evitar que reclamen por sus verdaderas necesidades. De manera estratégica, se separan en grupos para crear sus propios opositores, pero cuando se ven en riesgo se vuelven a juntar, y sin empacho alguno, se perdonan y de manera descarada vuelven a gobernar

¿Será que la esencia humana nos acostumbró a crear falsos líderes individualistas? En realidad, si no reaccionamos, en los próximos años tendremos que enfrentar problemas severos; si no rompemos el conformismo, se vienen días duros. Hay que derribar las trampas que nos ha dejado el ilusionismo; reaccionar es la única forma de avanzar. Por ejemplo, en Loja dependemos económicamente demasiado de los ingresos que producen los puestos en el sector público. Ya basta de adormitamientos.

 

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