El caballero de amor

El caballero de amor, don Garcilaso de la Vega, muerto en la flor de la edad por una pedrada de guerra es un remanso de lucha, desde la cuna hasta la tumba, la vida se centra en constantes por perseguir como guerreros aquello que nos ilusiona, aquellos que creemos y aquellos que queremos.

Nos lanzamos ferozmente hacer camino en este sinuoso prado de rosedales, algunos con espinas y otros perfumados trastocando el alma, con lluvia perpetua o con soles caniculares los días transcurren aceleradamente para quienes gozan la hidalguía floreciente de sus primeros decenios y lentamente contando las horas para los que han inundado con zozobras el corazón.

La vida se escapa jugueteando con los sueños cuando no luchamos por lo que queremos, por lo que deseamos y anhelamos, renunciar es el camino fácil para vivir rodeado de tinieblas, persigamos nuestros sueños sin importar su lejanía, hagamos que cada día valga la pena, no miremos los días pasar para luego en el ocaso darnos cuenta que no hemos disfrutado ni hecho lo suficiente.

Hay quienes cantan una estrofa mal escrita, otros recitan versos de desconocidos y otros miran sentados pasar los minutos rogándole a sus deidades que no se alejen esos seres queridos, porque existe un fantasma siniestro que gusta de robar esperanzas apoderándose de las ilusiones, se llama miedo.

En estos días es más venturoso dedicarle al viento una acción de lucha aunque el panorama vislumbre una derrota inminente, a quedarnos sentados esperando que aquello que queremos se marche.