Dime con quién andas y te diré quién eres

Los valores y principios son bases fundamentales en la educación desde el hogar, esto marca la vida de un ser humano “árbol que creció torcido imposible enderezar” adagio popular que al final se puede decir que es una realidad, por ello, el ejemplo es fundamental en la familia, los hijos somos el reflejo de los padres.

Los seres humanos cometemos muchos errores, estos pueden ser involuntarios e inclusive en algunas ocasiones voluntarios, es de sabios enmendarlos, para eso hay que reconocerlos.
En momentos de intranquilidad o desesperación, que influyen notablemente para las decisiones que tomemos, no es aconsejable hacerlo, al contrario, nos relajamos, con la paciencia y serenidad debida hacerlo, a sabiendas que estas van a tener resultados a corto y largo plazo.

Para lograr tomar un buen accionar, nuestros abuelos nos decían en referencia a nuestras amistades -consejeros- “dime con quién andas y te diré quién eres,” esto nos conllevaba a seleccionar el círculo que nos rodeaba; más aún si alguno de ellos tenía antecedentes negativos, ni a la esquina como normalmente se decía ya que “quién con lobo se junta, aullar aprende.”

Así en nuestro hogar, en nuestra empresa o en cualquier administración pública o privada vamos a tomar decisiones, debemos hacerlo de la mejor manera, pensando en el bienestar de todos quienes nos rodean, no pensando cómo puedo afectar alguien, esas acciones de mala fe no van a servir, al contrario, se regresan. Estamos obligados siempre actuar positivamente.

El tomar decisiones direccionadas a una sola persona, sin importar el resto, no es viable, imaginémonos que un club queda campeón 10 años seguidos gracias a su delantero que convierte goles constantemente, pero para perjudicar al club para que ya no sea campeón, la federación le pone una norma específica para él, con cualquier pretexto: que por bueno… por goleador ya no debe entrar a jugar. El miedo a esa bestia de jugador no debe ser coartado de participar, al contrario, mejora la competencia viéndolo en el campo de juego. No pensemos en ese ego desnutrido del YO, pensemos en todos y todas.