Darwin, un ejemplo de superación que sirve a la educación

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Tiene 29 años y es dueño de una gran sonrisa. Con su voz suave y profunda, sentado en una silla de ruedas, detrás de un escritorio, junto a la pizarra, a diario imparte clases a los estudiantes del Bachillerato Intensivo, el joven docente Darwin Stalyn Zhunaula Salinas.

La discapacidad física del 85% que tiene, fue causada por una hipoxia severa. Su condición no le permite caminar ni utilizar las manos para movilizarse en la silla de ruedas; sin embargo, esto no fue impedimento para que se prepare académicamente y alcance el título de Abogado, en la Universidad Nacional de Loja, en la modalidad semi-presencial.

Darwin nos cuenta que cada situación difícil que ha superado le ha ayudado  a convertirse en una persona optimista y perseverante, muy apegada a su familia y amigos.

Lo que más ansiaba, luego de culminar sus estudios superiores, era insertarse laboralmente. Participó en el concurso Quiero Ser Maestro 5, promovido por el Ministerio de Educación, en el cual obtuvo su elegibilidad. A partir de entonces recibió el llamado de la Dirección Distrital de Educación para ser docente del Proyecto de Educación Básica para Jóvenes y Adultos (EBJA)

Ser parte de la planta docente del proyecto EBJA le ha permitido ser un ejemplo de vida para quienes se forman en esta modalidad de estudios; pues se trata de personas adultas, que por diferentes razones desertaron de sus estudios en el campo académico. Hoy, ellos pueden seguir estudiando para alcanzar su título de bachiller y continuar con sus estudios superiores, mientras que Darwin se siente feliz y realizado al impartir sus conocimientos.

Con alegría, Darwin comenta que se siente a gusto en su lugar de trabajo. La discriminación y el egoísmo no existen a su alrededor; pues las autoridades de la Institución, docentes y estudiantes siempre lo apoyan e incluyen en todo lo que realizan, y lo acogen con  naturalidad y afecto.

En un día normal en la vida de Darwin, él se levanta muy temprano para revisar las tareas realizadas dentro del aula  por los estudiantes y las que se envían a casa; luego prepara una retroalimentación para desarrollar su clase y  fortalecer los contenidos de la asignatura que dicta, de acuerdo a la carga horaria del día. Ingresa a la institución educativa a las 17h30 y permanece hasta las 22h40, con ello cumple con 30 horas académicas. Parece muy cansando, nos manifiesta Darwin, pero no es así, pues él enseña  con amor. “Me entrego a mis funciones con compromiso y convicción”, expresa con seguridad.

En la reflexión que realiza el docente, nos indica: “Si aún viviéramos en el Ecuador del pasado, yo no tendría acceso a cumplir con los derechos que constitucionalmente me amparan, como el trabajo y la salud. He visto la transformación que nuestra sociedad ha tenido, los cambios que se han dado, los mismos que han sido para bien. El Gobierno ha incentivado a las personas con discapacidad, que antes éramos tradicionalmente marginados, para que hoy seamos protagonistas de la construcción de una nueva sociedad”.

Entre las aspiraciones de Darwin Zhunaula en el plano profesional está continuar siendo docente. A él le encantaría dedicar su vida a la docencia, pues la considera la madre de las profesiones,  puesto que ahí se puede compartir  con muchos seres humanos e intercambiar experiencias de vida. En el plano personal, a raíz del inmenso sacrificio que le ha tocado atravesar, aspira  tener una vida digna,  una familia; una vida normal y feliz como la de todos, porque el propósito de la vida no es estar lleno de problemas ni dificultades, sino estar y obrar para ser felices.

Finalmente, con un suspiro enternecedor, Darwin da un mensaje a todos quienes estén pasando por una situación difícil. Indica que: “La ambición bien llevada debe ser parte fundamental de todos nuestros sueños, hay que ser perseverantes, no hay barreras, no hay imposibles, que no se puedan superar; la voluntad y esfuerzo permiten cumplir lo inalcanzable, si no fuera así, yo no estaría acá,  a lo mejor estaría en mi casa, o estaría a lo mejor en un esquina, pidiendo caridad en una situación bastante deplorable; sin embargo, gracias al apoyo que he recibido del Gobierno, de mi familia, de gente que ha confiado en mí, tengo la posibilidad de impartir mis conocimientos a los chicos  y, sobretodo,  la posibilidad de ser un ente útil para la sociedad”.

Diana Fernanda Reina Hurtado, estudiante del 2do año del Bachillerato Intensivo, indica que las clases del profesor son chéveres, que gracias a ellas conocen la historia del Ecuador. Además, indica que la discapacidad que tiene su profesor no influye negativamente, porque demuestra que todos somos iguales, tenemos los mismos derechos, y que si nuestro profesor tuvo el valor de estudiar y  prepararse para ser lo que es ahora, nosotros, con mucho agrado, valoramos todos los conocimientos que recibimos de él.

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