Cita con una prepago, un coqueteo con el destino

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Redacción: Andrés León 

El interminable deseo carnal que hace al hombre tan primitivo, posesivo y débil para con los encantos de una dama, motiva a que el “trabajo más antiguo del mundo”, tienda a renovarse e innovar la presentación de su servicio, que aunque cambie su nombre, termina siendo lo mismo.

Seguimos en las aventuras que nos permiten contarles realidades paralelas a la vida que varias hermosas féminas llevan, sonriendo en dos frentes con una sonrisa que parece ser la misma, pero que resulta ser totalmente diferente.

Nuestra jornada inicia desde la comodidad de la casa de un conocido, que obviamente, no mencionaremos. Son las 18:36, el ocaso del día se hace presente con un manto enorme que cobija a la ciudad, las actividades de los lojanos van perdiendo su intensidad con los últimos rayos de luz que al “astro rey” nos regala, el raudo vuelo de las últimas aves en los cielos de la “Centinela”, despiden el día.

El primer episodio de la fecha, termina con la luz del día; al segundo episodio, el secreto de la oscuridad de la noche, recién empieza a escribirlo. Una nueva historia para nosotros, siempre surgirá de lo que muchos no quieren topar, no hablan por ser tabú o simplemente por el temor a ser juzgados por contar lo que la gente sí quiere leer.

Decidimos escribir hoy, nuestro encuentro con una hermosa dama, de larga cabellera, sonrisa coqueta, ojos claros y con un cuerpo tallado por los mismos ángeles, donde cada curva de su silueta, condena a cada pensamiento de quien la admira. Sus largas piernas y lo firme de sus caderas, ponen en un letargo de raciocinio a los hombres y desata la parte inconsciente que da cabida al placer que surge muy campante.

Pero vamos desde el inicio. Hoy en día, gracias a la ayuda de la comunicación digital y de la facilidad de las redes sociales para promocionar actividades, varias señoritas ofertan servicios sexuales en calidad de “prepagos”, que suena mejor que prostitutas y, se diferencia también en el costo y clientela que accede a ellas.

Ubicar en google prepagos, acompañado de algunas otras palabras básicas de descripción geográfica, es suficiente para tener una larga lista de opciones para tener un catálogo sexual por internet. Rápidamente, tomamos un número, marcamos y la dulce voz de una joven desata el inicio de nuestra historia.

Al tomar el teléfono, dirigimos nuestra mirada al horizonte, tomamos un respiro y procedemos a digitar el número de contacto que seleccionamos. La espera se vuelve eterna al escuchar el timbre de la llamada que retumba en lo profundo de nuestros oídos, como el incesante golpe de un martillo en el frío y duro acero de nuestra conciencia.

Cuando tenemos respuesta, la piel se nos eriza, pero la cálida voz de una dama, nos regresa a la normalidad. Preguntamos por Priscila, la respuesta es un sí. La segunda respuesta es la confirmación del servicio que presta y; la tercera, el valor de su trabajo. Llegamos a un acuerdo y fijamos lugar y hora.

57 minutos después, la historia continúa. He ahí que no nos cabe en la cabeza, cómo puede ser posible que la señorita que se baja del taxi, siendo tan hermosa, venda su cuerpo por horas tratando de ganar dinero que muchos dicen ser una ganancia fácil.

Cuando pasamos a la casa, el perfume de su cuerpo se impregna en nuestro ser que ya está impactado con el cruce de piernas tan estilizado que apareció en la dama al bajar del taxi segundos atrás. Su caminar enloquece, su figura desata y destila lujuria, su voz cautiva y sus movimientos son exactos, delicados pero seguros para enredar la razón en lo profundo del deseo.

Una leve caricia sobre su hombro, denota su piel delicada, la suavidad de la misma y nos permite percibir la fragancia de las cremas que hidratan su cuerpo. Su paso por la puerta condena la conciencia, su caminar sobre la alfombra se conjuga con el sonido que producen los tacones altos que lleva y que estilizan aún más su figura.

Sube por las escaleras y lo desnudo de su espalda, lleva la mirada a la imponencia que marcan sus caderas que presurosas avanzan coqueteando al destino de un nuevo cliente. El color de las paredes de la habitación, parecería que estaba premeditado para contrastar con el color de sus verdes ojos; es muy joven, su sonrisa lo demuestra.

El frío de la noche no es problema para ella. Su atuendo en seductor, no atrevido, pero sí con el toque justo que convierte a la mujer en dama sin dejar de lado el factor intrínseco de la lujuria que su mirada produce. Ingresa, se la nota muy segura, camina hacia la cama y deja sobre el buró un pequeño bolso de correa muy larga que porta. Se sienta con mucha confianza, no es la primera ni la décima vez que lo hace.

Su cabello castaño, es un instrumento de seducción; su sonrisa, el celofán entre el bien el mal y; su voz, la alarma del deseo que encierra a los hombres en la bóveda de sus encantos. Le preguntamos nuevamente su nombre, Priscila, responde ella mientras se pone en pie nuevamente estirando sus brazos, como preparándose para la faena.

Tiene apenas 19 años, pesa unos 50 kilos y mide aproximadamente 1 metro con 73 centímetros, pero sabe que la vida es cruel y de sorpresas no muy agradables. Levanta su vestido un poco y el nylon de sus medias termina centímetros más arriba,  descubriendo la piel de sus firmes muslos. Se quita la bufanda y deja ver sus pechos que lucen como dos volcanes dormidos esperando a ser seducidos en una erupción de placer.

Mientras inicia con un sutil coqueteo, nuestra curiosidad por saber más de ella nos conduce a preguntar algunos detalles: es de la Costa (no precisaremos el lugar), vive sola en Loja, estudia Derecho (tampoco diremos en qué ciclo va), vive de lo que hace y aporta a su familia con esta labor.

Su acto de seducción continúa mientras su dulce voz responde a nuestras preguntas. Su ajustado vestido, permite sentir ese deseo que cautiva a todo hombre, con una vestimenta que dice mucho sin exhibir demasiado. Con suaves movimientos, lleva sus brazos hacia su espalda y desliza el cierre de su vestimenta. Tanta belleza, para un solo par de ojos.

Sabe lo que hace, es segura en el arte de la seducción. Cada movimiento es muy bien pensado, sus brazos salen del vestido, descubriendo aún más sus espléndidos pechos, mientras suavemente la gravedad hace su trabajo atrayendo su vestido al piso en un suave desliz que permite apreciar un firme y marcado abdomen que enloquece por su belleza.

Su piel es de color claro, una blancura característica de la mujer costeña de una determinada parte de la geografía de esta región. El vestido sigue su trayectoria al piso, dejando apreciar una lencería de colección que para su esbelta figura pareciera que hubiese sido diseñado.

Su cuerpo casi desnudo deja ver su figura espectacular, su toque de seducción es único: su silueta es admirable y las medias nylon que lleva, combinan la ropa interior que usa. Una vuelta de ella permite apreciar todo en conjunto: tiene hermosos ojos, un cabello castaño muy largo, una cintura que cualquier mujer envidiaría, un abdomen firme y marcado, largas piernas y unas caderas de infarto.

Hacemos una pausa a la seducción, para conocer más de su historia. Priscila es clara en señalar cuánta razón tienen los padres cuando dicen que no te viene bien la amistad con “x” persona. Ella dice que si una manzana está dañada, claro que daña a las demás  e incluso las lleva a otros niveles.

Nos cuenta que es verdad que cuando te llevas con alguien que anda en malos pasos vas a seguir su camino, por querer agradar a personas que ni siquiera les importas. Priscila resalta que si tienes una amiga que toma, aprendes a tomar, pero esa amiga tiene amigos que fuman y, por querer ser parte de ese grupo aprendes a fumar.

Asimismo, los que fuman tienen conocidos que les gusta consumir drogas y, pues, te vas involucrando cada vez más en un mundo en el que nadie te obliga a entrar pero que por la falta de madurez ingresas por propia voluntad. Así los niveles van avanzando, hasta que Priscila conoció a alguien que le propuso inmiscuirse en el mundo de las prepago.

Pero ¿qué son las prepago?, ¿qué mujeres son consideradas como prepago? Bueno, creemos que deberíamos haber empezado por ahí. Priscila nos cuenta que las prepago son chicas, principalmente estudiantes universitarias y modelos, que por falta de recursos caen en este mundo de prostitución en un nivel diferente.

Son chicas jóvenes, bonitas, de figura estilizada y enormes atributos. Su edad va desde los 18 hasta los 25 años, aunque Priscila reconoce que existen chicas de mayor edad que ejercen, pero con tarifas más económicas ya que la edad va haciendo presa en el bolsillo.

Las prepago, son señoritas que acuden a un llamado de un cliente específico que se pone en contacto con ellas a través de una llamada a su teléfono celular, mismo que, previamente, consiguieron por los anuncios que ellas hacen a través de internet.

El servicio va según el acuerdo al que llegan por teléfono. Lo que Priscila nos aclara es que el acuerdo es por el tiempo de su servicio que va desde una hora en adelante, el acuerdo (dice ella) no va por lo económico, porque no regatean el precio, su trabajo y su belleza cuestan para que no cualquier hombre las pueda tener.

Respecto a la tarifa nos cuenta que, en su caso, es un tanto elevada. Sonriendo nos dice que si con lo que apreciamos no estamos satisfechos como para cancelar lo que cancelamos por una hora de su compañía.

Priscila reconoce además que hoy por hoy, existe competencia de mujeres que ejercían la prostitución convencional, en vista de que la ganancia de las prepago es mucho más elevada, pero que lo que han logrado es bajar los precios exageradamente y que los hombres piensen que cualquiera es prepago.

Ser prepago, a su parecer, es estar a otro nivel en su cuidado. Mantener su belleza y lo atrevido de sus curvas, demanda de mucho ejercicio, buena alimentación y varios cuidados más de su piel. Además de mantener un equilibrio emocional adecuado para sobrellevar el estrés de sus estudios y el mundo paralelo que llevan entre ser prepago y del resto de su vida.

Su primer encuentro, no fue algo como para recordar con agrado. Priscila nos cuenta que la primera vez que lo hizo, se sintió humillada, sucia, usada y poco valorada. Es que según recuerda, las manos de aquel hombre eran ásperas, sus movimientos rudos y mecanizados para tener sexo “ya saben, arriba-abajo y ya”, señala. Concluida la escena, un adiós le marcó el alma para siempre.

Pero ¿por qué lo hace? Ella reconoce que la desesperación por tener dinero en su bolsillo, por tratar de ser un aporte y no un peso en el hogar, la llevaron a hacerle caso a quien la involucró. Señala que en la Costa hay muchos hombres y mujeres que van detrás de las señoritas tratando de convencerlas para vincularse a agencias de “modelos”, es decir, prepagos, negocios que con su actividad enriquecen a otros.

Al principio le costó acostumbrarse a la labor, pero luego el dinero reemplazó el asco por lo que pudo conseguir para ella y su familia. Priscila sabe que lo que hace no está bien, pero con ello paga sus estudios y ayuda en su casa, es solvente con sus gastos y no pide favores a nadie; es que en una semana no muy buena, promedia los 600 dólares con sus servicios que son esporádicos y no amarrados al horario de un prostíbulo.

Para quienes querían leer el desenlace de la historia, les quedamos en deuda, pues la hermosa señorita nos regaló sus palabras, pero no su tiempo. Priscila dice que escoge de ser posible a sus clientes, por eso su tarifa es ejecutiva y por lo que nosotros apreciamos la belleza de esa mujer no vale eso, vale mucho más.

 

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